"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"

La Verdadera prosperidad

No cabe duda que el ser humano es capaz de hacer cualquier cosa que le digan, para poder asegurarse un buen año. Algunos, en pleno sonar de las doce campanadas, habrán comido casi atragantándose, doce enormes uvas. Otros habrán comido muchas lentejas para que nunca les falte dinero. Otros ansiosos de poder conocer nuevos lugares, si es que el físico se los permitió, habrán dado la vuelta a toda la manzana. Otros por el contrario, hartos del año que se fue, decepcionados tal vez porque sus sueños nunca se cumplieron, habrán quemado, sin piedad, al pobre muñeco de trapo, vestido con ropas viejas; representando así el año viejo que se va.
En fin, el ser humano siempre ha buscado y seguirá buscando la prosperidad, y para ello es capaz de realizar todos los rituales; sin embargo querido lector, ninguna práctica de este tipo, será útil para atraer la prosperidad a nuestras vidas. Toda ellas, son falibles, pues ha sido el propio ser humano quien las ha creado, aumentando o reduciendo sus componentes de acuerdo a las personas a las que va dirigida, a sus gustos o a sus posibilidades económicas. Sin embargo en estas pocas líneas pretendo explicarles de manera fácil y rápida el verdadero secreto de la prosperidad, y es bueno saber que ya son muchos los que la han aplicado a sus vidas, al seguir fielmente sus instrucciones, y los resultados han sido sorprendentes. En primer lugar debemos definir el concepto de prosperidad, entendida erróneamente por muchos, como la riqueza material, las liviandades, o el poder. Empero, la verdadera prosperidad es, por ejemplo, poder disfrutar toda una tarde con la familia, sin que hayan riñas o malos entendidos (2 Tesalonicenses 3:16); es ver a los hijos creer en sujeción y sabiduría (Isaías 54:13); es ser como un “árbol plantado junto a corrientes de aguas” (Salmo 1:3) Es poder “dormir tranquilo durante toda la noche” (Salmo 4:8), es poder gozar de paz en medio de las tormentas (Isaías 26:3).
En segundo lugar es necesario desear con todo el corazón todas estas cosas y más, que tal vez falten en su vida. En tercer lugar debemos entender que todas estas cosas son dadas por DIOS y Él anhela que este nuevo año y todos los venideros, sean prósperos para ti, y para ello debes invitarlo a tu corazón, porque este es el lugar estratégico desde donde Dios puede gobernar tu vida y llevarte por el camino de la prosperidad (Mateo 36:33), sólo tienes que hacer esta pequeña oración: “Señor Jesús, realmente reconozco que he vivido alejado de ti, sin embargo no quiero seguir viviendo de esta forma. Te pido que entres en mi corazón, y me enseñes a hacer tu santa voluntad, perdona mis pecados, y te recibo como mi Señor y Salvador. Amén”
Si hiciste esta oración. Dios entró en tu vida y ese, con seguridad, es el mejor regalo que hayas podido recibir en este nuevo año. Y de todo corazón, a todos ustedes, les deseo un Feliz año y que la paz y el amor de Dios reine en sus corazones.

¡Feliz año 2011!

2 comentarios:

  1. Holaaaap!! :)
    Muchas bendiciones.
    Les comparto mi blog
    http://selladosxcristo.blogspot.com

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  2. Saludos hmna. Janet. Totalmente de acuerdo con la línea discursiva que defiende este post. Dios es la fuente de nuestra prosperidad, y la misma no necesariamente significa bienes materiales, sino que hay bienes espirituales y afectivos, quizás mucho más importantes y enriquecedores. Dios la bendiga, para seguir escribiendo con tal inspiración.

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Gracias por tu comentarios, me alienta a seguir adelante. Dios te bendiga.

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Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.