"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"
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CUANDO YA NO EXISTEN LAS PALABRAS


A veces donde ya no existen palabras, se usan otros medios para comunicarse. Cuando se acaban las palabras, los puños, muchas veces llegan a tomar su lugar. Y pese a creer que los golpes sanan pronto y las heridas cicatrizan, para quien los sufrió, a pesar de los años transcurridos, el dolor y el recuerdo, aún permanecen intactos.
Amigo lector, quizás tú has sido víctima de los puños de alguien, quizás te quebraron algo más que el cuerpo, quizás hoy te preguntes por qué no te sientes como cualquiera de las personas que te rodean, por qué sientes que arrastras pesadas cadenas que te impiden ir al mismo paso que todos, por qué hasta hoy, y pese a tu edad, aún te ves como un niño(a) llenó de miedo, tristeza, soledad y aungustia, y pese a tu fuerza, por dentro aún te sientes débil y frágil.
El maltrato que se haya sufrido en cualquier etapa de nuestra vida, provocado por cualquier persona, se constituye en un freno en el normal desarrollo de nuestros afectos. Es como una enorme cadena enroscada alrededor de nuestros brazos, de nuestros pies y de nuestra boca que nos impiden abrazar a quiénes amamos; correr hacia la libertad y expresar lo que sentimos, sin temor a ser heridos.
Mucha gente aún vive con sus amargos recuerdos, aún revive día tras día el daño sufrido. Sin embargo no tienen por que vivir así. Ninguno de nosotros fue creado para sufrir, para ser maltratado, para vivir encerrado en oscuras prisiones; y si hoy te sientes así, déjame decirte que existe alguien que tiene la llave para abrir la celda y dejar libre tu alma, ese es Dios. Él no ha sido culpable de lo que te ha ocurrido, Él siempre ha estado a tu lado, y aunque no lo creas, te ha protegido, y hoy pretende ayudarte a superar tus miedos y a sanar tus heridas del alma. Su mano está extendida, tal vez probaste de todo para sentirte mejor, pero lo único que lograste fue adormecer momentáneamente tus pesares. Sin embargo Dios puede darte la verdadera libertad; sólo tienes que hacer esta pequeña oración: “Señor Jesús, vengo ante Ti buscando tu ayuda, pues ya no puedo solo(a), necesito que me liberes de mis recuerdos, de mis tristezas, haz de mi un hombre/mujer libre. Te necesito, entra en mi corazón y desde allí empieza a sanar todas mis heridas, se Tú mi Señor y Salvador. Amén”

APRENDE A DECIR NO (II PARTE)

Muchas veces no has sentido que las cosas a tu alrededor no están bien, que la gente que está cerca de ti hace cosas indebidas y tú no dices ni haces nada para evitarlo, por temor a ser rechazado del grupo social en el que te encuentras.
Ser parte de algo, sentirse como una pieza que encaja perfectamente en un engranaje, o esfera social, siempre ha sido la forma de vida del ser humano, debido a ello, las personas que se auto aíslan son consideradas como seres extraños, cuya compañía frecuentemente rehuimos.
El hecho de integrar un grupo humano, cualquiera que sea, implica adaptación a las reglas establecidas por el grupo. Sin embargo, muchas veces esas “reglas” lesionan lo que se piensa, o lo que sientes. Muchas personas son expuestas a situaciones peligrosas o vergonzosas dentro del grupo, y las han soportado con valía, tragándose la ira o la humillación, por el simple hecho de permanecer en el grupo social con el que se sienten identificados.
Ello deviene en un grave problema, puesto que tarde o temprano se convertirá en un círculo vicioso del que no podrán salir.
Si bien es cierto el sentirse solo es algo difícil de manejar en estos días, no permitas que el simple hecho de no tener con quién hablar o relacionarte, te lleve a aceptar ser humillado(a), insultado(a), menoscabado(a), teniendo que soportar, además, diversas situaciones de las que en otros tiempos jamás hubieras participado.
Si el grupo de amigos al que perteneces te obliga a realizar prácticas que te desagradan, resulta siendo hora de reflexionar al respecto y sopesar si vale la pena seguir o no en aquel círculo. Si luego de ello evalúas que fue más lo que perdiste que lo que ganaste formando parte del mismo, es tiempo de salir de él, de huir si es posible, es tiempo de aprender a decir NO: "no participaré de este daño" "No me prestaré para esta injusticia" "no me aprovecharé de ésta situación". 
Busca otro grupo que sea movido por buenos principios y valores, que respete la opinión de las personas y te trasmita seguridad y confianza. De lo contrario, si por terquedad o por temor permaneces dentro de aquel círculo social "viciado", tarde o temprano terminarás por convertirte en uno de ellos, en su mismo modo de pensar, y en su mismo modo de actuar…

APRENDE A DECIR NO (I PARTE)

La soledad muchas veces acompañada de otros factores, ya sean estos,  familiares, sociales y morales, ha generado que muchas personas soporten situaciones injustas y hasta humillantes. Muchas mujeres y hombres incluso, han sido sometidos a maltratos y vejaciones por parte de la persona sobre la cual vaciaron su amor y convirtieron en su “última esperanza” para ser felices en esta vida. Debido a ello han soportado hidalgamente: arrogancias, golpes, insultos, indiferencias y demás actos y omisiones derramados sobre sus sentimientos y emociones.
La consecuencia de ello ha sido y sigue siendo autoestimas destruidas, auto culpas auto impuestas y una herida abierta en el corazón.
Lo triste es que la felicidad que esperaban alcanzar al lado de aquella persona, hasta ahora no llega ni llegará nunca, ya que lo que desconocen es que ambas partes se encuentran involucradas en una relación tormentosa que poco o nada proporcionará bienestar para ambos. Por el contrario tanto el que es agredido y soporta la situación por temor a encontrarse de un momento a otro solo en este mundo, como el que arremete y provoca la agresión, son personas que tienen un sentido equivocado de lo que es el verdadero amor, y  ambas se encuentran en imposibilidad de trasmitirlo.
Hoy que esta a punto de terminar el año 2009, es buen momento para analizar si la relación que sostienes esta dentro de aquellas calificadas como tormentosas, lesivas y nocivas para la salud emocional. Si es así es tiempo de aprender a decir NO, “no quiero que me trates mal”, “no quiero oír más esas groserías”, “no quiero que me sigas diciendo que soy un tonto (a)” “no quiero escuchar más que no valgo nada, que todo lo hago mal”. Es tiempo de decir NO, y de ser necesario, es tiempo de poner un alto a la relación. No importa el tiempo que lleves con él o ella, si son tres o diez años, haz un balance objetivo y analiza cómo has sido tratado(a) durante todo ese tiempo. Pero NO intentes disculpar maquillando las situaciones en las que te sentiste herido (a) ni mucho menos intentes culparte por ello.
Seguramente que si llevas poco tiempo te resultará más fácil cortar la relación, sin embargo date cuenta que si ya son años los que llevas aguantando y aguantando, y no cambió en nada la situación, es porque ya no tiene remedio. Pero debes ser sumamente objetivo(a), y si te es imposible hacerlo, pide ayuda, conversa con alguna persona madura que haya estado cerca de tu relación, quién mejor que ella para poder hacerte ver y poner en relieve los momentos tristes que pasaste, las humillaciones que te hicieron sentir, y el hondo vacío que hasta hoy experimentas. Nada te ayudará a tomar la resolución de cerrar este capítulo en tu vida que el hecho de saber que detrás de la puerta puedes encontrar al verdadero amor, aquel que Dios preparó para ti desde tiempo atrás, aquel que, tal vez, aún sigue esperando, pero que no puede llegar a tu vida porque tu corazón esta ocupado, no por amor, sino por un sentimiento vil, deshonesto y dañino que muchas veces confundimos con amor, pero que definitivamente no lo es…

SE LIBRE...SE DIFERENTE



¿Saben?  hoy en día qué difícil se nos hace a la mayoría de personas creer que nos aman, creer que real pero realmente le importamos a alguien.
Nos miramos al espejo y al instante saltan a la vista las "mil y una" imperfecciones. Allí están los estragos de esos odiosos excesos que cometimos en el último cumpleaños al que asistimos, en donde nos engullimos hasta las servilletas. Allí están las señales evidentísimas de la falta de ejercicios;  y entonces, con hondo pesar debemos reconocer  que realmente no somos ni atléticos, ni atractivos, ni encantadores.  Y como para olvidarnos un poquito de la diaria decepción que nos deja el escrutinio de nuestro cuerpo, nos dedicamos a hojear una que otra revistita, y Oh decepción, frente a nosotros aparecen  mujeres modelos con el cuerpo mejor que el de barbie, y hombres con pectorales demasiado perfectos para ser reales. Y luego pensamos "ellos sí serán amados".
Y si por aquellas indeseables circunstancias de la vida, te encuentras solo (a), pensarán que para que nos quieran habrá de parecerse a aquellos especimenes, demasiado perfectos, demasiado hermosos, demasiado todo.
Lo triste es que en estos últimos tiempos, la apariencia es lo primero, y en algunos casos, lo único que la gente observa. Y no en vano algunos adolescentes o no tan adolescente y  jóvenes y no tan jóvenes, han recurrido a métodos poco sanos para asemejarse a los prefabricados personajes de la TV.
Sin embargo, creo que el hecho de ser diferente es lo que realmente cuenta. Desde que empecé a despreocuparme por intentar verme como una artista de cine (que por cierto sé que JAMAS conseguiré) vivo mejor, y sin tanto estrés. Me siento diferente y lucho por serlo cada día de mi vida. He empezado a amarme a mi misma, para poder amar a los demás (porque nadie puede dar lo que no tiene). Y lo que es mejor, sé que a pesar de lo fea o bonita que un día amanezca, siempre habrá alguien que me ame mucho. No, no es mi madre o mi padre, ni siquiera mi propio espejo, sino es Dios.
Pensarás que esto es cuestión de fanáticos, conformistas, pero no lo es, esto es una cuestión de entendimiento, Él me dijo que me amaba, y yo entendí que era cierto. Así funciona el asunto. Sólo es cuestión de fe.  Él no me lavó el cerebro para hacerme creer que era bonita, amada y asombrosamente espectacular. Él me vio tal y como era y me hizo ver que así amaba. Y eso fue genial. A partir de allí no tuve más que fingir ser alguien que no era. Pruébalo, y tú también, dejarás de creer que nadie te ama y dejarás de aparentar algo que no eres, en otras palabras serás LIBRE, libre para reírte a carcajadas, sin el temor que se vean tus dientes imperfectos, libre para mostrar tus orejas imperfectas, para dejar de usar ese atormentador zapatito de taco doce, sólo para parecer más alta; serás  libre para chapotear en la orillita del mar sin temor a que vean tu cuerpo pasadito de kilos. Porque entenderás que tú eres más que esos kilos, que eres más que una boca que habla, o una oreja que oye; entenderás que eres importante y que alguien ama en demasía esa barbillita saliente, esos ojos dormilones, ese cabello rebelde, y lo mejor de todo es que tú también te lo empezarás a creer.

                                              Supe que me amabas

                                    Desde el principio cuando te necesite
                                    Desde el momento cuando la mirada alcé
                                    Desde ese día cuando sola me encontraba
                                    Cuando tu mirada a mi se fue a poner

                                    Supe que me amabas, lo entendí
                                    Y supe que buscabas más de mí
                                    Que mucho tiempo me esperaste y no llegué

                                    Supe que me amabas, aunque huí
                                    lejos de tu casa, yo me fui
                                    Y con un beso y con amor me regalaste tu perdón
                                    Y estoy aquí…

                                   Y cuando lejos me encontraba, te sentí
                                   Sabía que entonces me cuidabas
                                   Y te oí, como un susurro fue tu voz en el silencio
                                   Y cada día me atraías hacia ti

                                  Y estoy aquí, mi dulce Señor
                                  Y estoy aquí, amado Salvador
                                  Y estoy aquí
                                  Y estoy aquí…

NO ESTAS SOLO

Cuando eres niño, sin duda, no hay cuna más cálida que los brazos de tu madre; ni hay mejor superhéroe que la figura de tu padre, ni mejores cómplices de juegos que tus hermanos mayores. En tu familia, seguramente, has hallado calor y bienestar, y te sientes rodeado(a) de un halo de seguridad que, sin duda, trazará tu destino. De ella depende el cómo mires la vida, y cómo enfrentes, en adelante, tus problemas. Sin embargo ¿Qué sucede cuando aquella familia que debió acoger tu llegada a este mundo no existe, cuando partieron de tu lado, dejándote sólo a tu suerte, cuando fueron reemplazados por rostros y caricias ajenas, cuyo tipo de sangre no es igual al tuyo? O por el contrario, ¿Qué sucede cuando tu familia nunca tuvo los brazos abiertos para ti?, cuando los rostros de quienes debieron amarte te miraron sólo con indiferencia, cuando sus caricias fueron escasas y, por el contrario, se empeñaron en lacerar vez tras vez tu inocente corazón; cuando las huellas de su desamor marcaron con furia tu pequeño cuerpo y tus tiernos recuerdos; cuando te privaron de tu infancia, y te obligaron a perderte en la ciudad, con el único fin de traer el pan hacia sus bocas?
Esta, querido lector, puede ser tu vida, y por ello, tal vez pienses que Dios nunca te amó, que lo que tú has sufrido nadie jamás lo sufrió, y tal vez tengas razón. Sin embargo, hay una verdad que nunca podrá ser callada, y es que Dios siempre estuvo contigo y gracias a Él tú has podido soportar la aflicción y adversidad. Sin embargo Él aún quiere hacer más por ti. Él quiere sanar tu corazón dolido por el sufrimiento, por la indiferencia, por la hostilidad, por la tristeza. Hoy Dios quiere llevar todo tu dolor y desazón, porque nunca será provechoso para nuestras almas vivir recordando el triste pasado, vivir pensando en que nadie nos ha amado, cuando existe Uno que siempre lo ha hecho. ¿Por qué no hablas ahora con Él? porque no le dice: “Dios, Tú sabes que el dolor que me causaron, aquellos que amé no me deja vivir; que aún lloro recordando mi triste pasado, que aún recuerdo su indiferencia y su desamor. Sin embargo creo que Tú puedes arrancarme este dolor del corazón, que puedes darme la libertad de mis prisiones, y puedes hacer de mí una nueva persona. Toma mi vida en tus cálidas manos, vuelve a hacerme del barro y moldeándome, haz de mi un retrato que refleje tu maravilloso perdón y tu inmenso amor

LA CONFIANZA EN UNO MISMO

Hola de nuevo a todos:
La primera vez empecé hablándoles de las decisiones que tomamos en la vida; y hoy quiero hablarles acerca de la confianza en uno mismo; puede parecer contradictorio hablar sobre lo mal de nuestras decisiones conjuntamente con la confianza en uno mismo. Sin embargo, la cuestión no tiene nada de contradictorio, sino que son dos aspectos que se complementan, o deben de complementarse.
Entendamos esto, la confianza en uno mismo significa creer que uno es capaz de tomar decisiones correctas, y también de equivocar, y de ser este el caso, es creer que uno es capaz de aprender de los errores cometidos.
Ojo, la confianza en uno mismo no nos cierra los ojos...
ni nos hace creer que somos superhombres o supermujeres, sino que, por el contrario  nos abre aún más los ojos, nos ensancha la visión, para entender y superar nuestras limitaciones, es decir, para ser conscientes de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser.
Todos debemos tener confianza uno mismo; pues es la base, no sólo, de nuestro desarrollo personal, sino también de nuestras relaciones a lo largo de nuestra vida. Una persona que no cree en sí mismo, tampoco podrá creer en los demás, ni en la humanidad en general. El puente que lo separa de una vida matizada de vivencias alentadoras, de experiencias enriquecedoras y de constante superación y esfuerzo; es un puente que, diariamente, se construye dando el primer paso al vacío, creyendo que el abismo que aparece frente a los ojos, es solo el reflejo de lo alto del cielo al cual podrá llegar, sin alas prestadas, sino con los pies que vayan construyendo su propio sendero...

LA CULPA NO ES DE LOS DEMÁS

Muchas veces solemos echarle la culpa por nuestros problemas a la gente que nos rodea, en especial a la más cercana, que generalmente es la que más nos quiere. Sin embargo realmente si analizamos todo con la cabeza metida en un balde de agua fría, nos daremos cuenta que nadie tiene la culpa de nuestras tristezas, que nadie apretó nuestros ojos hasta hacernos derramar esas lágrimas de dolor, que nadie metió su mano en nuestro corazón para apretujarlo a su gusto. Nadie puede ser tan importante o representativo como para diplomarlo como el o la causa de nuestras penas.
Si amamos y no nos
corresponden no es culpa de la persona amada, por su falta de misericordia al no regalarnos un "poquito de cariño" o de su "insano corazón" incapaz de conmoverse ante nuestras súplicas y lamentos. La culpa es sólo nuestra.
El ser humano siempre tiende a echarle la culpa a los demás por todo lo malo que le sucede. Ya en el Huerto del Edén esto era una práctica común recordemos la escena en la que Dios descubre que Adán y Eva han comido del fruto prohibido. El hombre recién creadito y en pleno estreno como corona de la creación, echándole la culpa de su desobediencia a la pobre Eva, quien lejos de llorar por está demostración de desamor por parte de su cónyuge, no tardó en echarle la culpa a la vil y astuta serpiente, sobre la cual, en ese instante recayó el dedo acusar de toda la naciente humanidad.
Cada uno de nosotros debe asumir sus propias culpas, nuestras propias penas y lágrimas, pues solamente uno mismo tiene la posibilidad de impedir que el problema que hoy tenemos, cualquiera que sea, avasalle nuestras vidas y se lleve de encuentro a la gente que más nos ama, o que arremeta contra aquellos que sin amarnos también se ven involucrados en el libro de nuestras amargas memorias.
Toma pues tu borrador del perdón y empieza perdonarte tú mismo por culpar a otros de tu infelicidad, por ser el responsable de tus sinsabores. Empieza a borrar cada nombre y apellido que te resulte doloroso, verás que luego de ello el camino empezará a despejarse; las nubes no se verán grisáceas ni a punto de llorar, la luna ya no te parecerá que cae sobre ti para aplastarte, y el sol volverá a hacerte sentir su calor incandescente, que al fin de cuentas es el calor de la libertad de aquellos que aprendieron a perdonar y a olvidar...

NATALICIO DE ESTE BLOG

Daisypath Anniversary tickers
Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.