"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"
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LAS EXPECTATIVAS DE DIOS

Los padres siempre esperan grandes logros de sus hijos, ello, claro está, sobre la base de todo lo que se les haya inculcado y proporcionado en el hogar. Imaginemos a un padre que se esfuerza porque la educación de su hijo sea la mejor. Muchas veces saliéndose de su presupuesto matriculará a su niño en un centro educativo que reúna las condiciones de aprendizaje que él desea para este. Asimismo en casa seguramente tratará de inculcarle principios y valores, a fin que mañana más tarde, llegue a convertirse en un hombre de bien. Una vez terminado el colegio, tratará que su hijo ingrese a estudiar en una buena universidad, se esforzará por suplir todas sus necesidades académicas, trabajará, quizás hasta horas extras, para que los libros no le falten, ni nada que la facultad le requiera. Sin embargo en muchos casos, los hijos suelen no satisfacer las expectativas que sus padres han depositado en ellos; muchos no toman en serio el esfuerzo que han desplegado sus padres en su educación y formación. Muchos evaden sus responsabilidades académicas, y convierten la universidad en un centro para socializar y perder el tiempo. Me imagino la gran decepción de sus padres al verlos reprobar vez tras vez las diversas materias, viendo cómo pasan los años, sin que aún terminen por graduarse, viéndolos convertirse en una pesada carga dentro de sus hogares.
Con Dios, nuestro Padre, sucede algo similar, Él ha depositado en nosotros capacidades, dones, talentos, nos ha llenado la mochila con todo lo que necesitamos para vivir en este mundo conforme a su voluntad; nos ha dado de su perdón, nos ha dado de su gracia, nos ha dado la oportunidad de ser sus embajadores en esta tierra; sin embargo, la pregunta a plantear sería ¿Estamos cumpliendo las expectativas de Dios, como hijos suyos? o por el contrario, ¿le decepcionamos vez tras vez, al no tomar en serio nuestra condición de hijos del Rey?.
Amigo, hermano, dice la Biblia en Romanos 4:17 que Dios “llama a las cosas que no son como si fuesen”. Esto quiere decir que Dios ve en ti, algo que talvez hoy en día tú no ves, sin embargo Dios en su Omnisciencia, está viendo lo que puedes llegar a ser, si tan sólo utilizas los dones y talentos de los que Él te ha provisto.
Hagamos que Dios vea cumplir las expectativas que ha puesto en nosotros, esforcémonos por agradarle en todo lugar, tiempo y circunstancia, y no echemos por tierra el sacrificio de Jesucristo, ni su dolor y sufrimiento al morir por ti y por mí en la cruz del calvario.

NO TE DEJES MORDER

Cuantas veces te has enojado en los últimos tres días, seguramente varias veces. El enojo es como la mordedura de la más mortal de las serpientes. Una serpiente primero te muerde y te hace sentir mucho dolor. Al clavarte los colmillos te va trasmitiendo su veneno mortal, el mismo que rápidamente se va extendiendo hacia todo el cuerpo. En poco tiempo el veneno habrá dañando todo a su paso, hasta que finalmente terminará por conducir a la muerte a quien hay sufrido su mordedura.
La cólera es similar, empieza con un mal entendido, una palabra mal dicha, un grito desaforado, una mirada de indiferencia, lo cual dejará marcado en el corazón los colmillos de la ira. Poco a poco la cólera se ira expandiendo por todo el ser, nublará los sentidos, y no se pensará con cordura, cegará la razón imposibilitando entender la situación conflictiva; incrementará exageradamente el volumen de la voz, tornándose en ásperos gritos cargados de furia; los miembros del cuerpo empezarán actuar por sí mismos, lastimando, dañando;
las palabras fluirán sin control, en muchos casos, cargadas de ofensas y reclamos; las lágrimas brotarán desmedidamente, la visión se tornará borrosa, impidiendo ver la salida del problema que conduzca a la calma; mientras que una sensación de impotencia y rencor terminará por conducir el “veneno” hacia nuestro corazón; una vez allí, éste quedará dañado, envenenando así nuestra vida entera.
Amigo lector, no podemos evitar sentir fastidio o enojo por algunas circunstancias que sucedan en nuestra vida; sin embargo, debemos evitar que la ira nos dominé hasta el punto que nos lleve a cometer actos o ha proferir palabras que luego no puedan ser borradas. La Biblia dice en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. Lo que significa que no podemos permitir que nuestro enojo dure por siempre, ni mucho menos que por causa de él otra persona sea dañada.
Si en algún momento sientes ira en tu corazón contra alguien, trata de evitar el enfrentamiento, o de salir a buscar a esa persona; espera que el furor decaiga, y sólo entonces ponte a cuentas con ella, pues así no sólo te ayudarás a ti mismo, sino que tu ejemplo bendeciráS a quienes te rodeen.

UNA FLOR EN EL DESIERTO

Una hermosa flor fue plantada en medio del desierto. Pequeña y frágil parecía tener todo en contra suya. El viento del desierto amenazaba con arrancar uno a uno sus delicados pétalos, mientras que el sol de cada mañana arremetía con sus potentes rayos, tratando de secar su frágil raíz. El frío por la noche pretendía también, carcomer la delicadez de sus formas.
Una y otra vez la pequeña flor se aferraba a la tierra que la vio nacer, resistiéndose a dejar de vivir en donde había sido destinada. Sin embargo, habían momentos en que pensaba: ¿Por qué tengo que estar aquí?, ¿por qué no fui plantada en otro sitio más cómodo que este? Miraba a su alrededor, y sólo veía montanas de arena de nunca acabar, arbolillos secos y quebrados por el sol y animales huyendo del hambre y de la sed.
Los días pasaron y también los meses, y el panorama no cambiaba, aún se sentía sola y sedienta, aún se imaginaba junto a otras flores bordeando algún arroyuelo, bajo la sombra de algún frondoso árbol.
Las fuerzas se le iban poco a poco, y su apariencia ya no era la de antes, ahora parecía cansada, algo marchita, y sabía que por dentro se secaban sus raíces y sus sueños.
“¿De qué valió haber sido tan hermosa? ¿De qué sirvió haber llegado a este lugar, dónde mi belleza no sirve de nada, ¿De qué valió haber soportado tanto tiempo?, debí haberme dejado morir sin haber malgastado mis fuerzas en vano”, se repetía una y otra vez.
Pero un día, cuando pensó que era el último de sus días, el día en que su fe moriría irremediablemente, el día en que dejaría ya de luchar para dejarse llevar por la desolación, alcanzó a levantar su mirada al cielo, como despidiéndose de él, y vio cómo una pequeña nubecilla, tan pequeñita como ella, se estampaba en el cielo muy cerca del sol. Al poco tiempo vio que aquella nubecilla tomaba una mayor forma e iba creciendo amenazante contra el ardiente sol, cuyo reinado parecía invulnerable.

Poco a poco aquella nube fue creciendo, mientras que un manto sombrío iba cubriendo la faz del desierto, y se iba acercando hacia ella. El calor sofocante fue cediendo, hasta que en el momento menos pensado, sintió en sus pétalos la humedad de muchas gotas de lluvia que caían caprichosamente sobre ella. Un aire de paz y alegría sacudió su ser, mientras que toda ella se iba nutriendo del líquido elemento. Sus fuerzas regresaron y la tierra que enceguecía sus ojos fue arrastrada por el agua.
Una vez que dejó de llover volvió a mirar el mundo con optimismo; y poco tiempo después vio junto a ella las nacientes florecillas, más pequeñas que ella, que le sonreían a la vida, que jugueteaban despreocupadamente y que llegaron con la lluvia para hacerle compañía. Entonces, supo que no estaba sola, supo que Dios siempre estuvo con ella y que todo lo vivido serviría para ayudar a aquellas florecillas, a atravesar las mismas situaciones por las que ella ya había pasado.
Amigo lector, a veces parece que los problemas nos rebasan, que es mejor dejarse llevar, que estamos solos y solos moriremos, que a nadie le importamos, que nuestras cargas son demasiado difíciles de llevar; sin embargo la Biblia dice que Dios nunca nos enviará una prueba mayor que la que podamos soportar (1ª Corintios 10:13).
Recuerda que todo lo que hayas vivido, tarde o temprano servirá para ayudar a otros, ese debe ser nuestro propósito en la vida. Sé una flor en medio del desierto porque sólo allí la experiencia de ver caer la lluvia cobrará un mayor sentido en tu vida.

LOS VALIENTES TAMBIÉN HUYEN

Una mañana me levanté sobresaltada, me puse en pie y empecé a correr escaleras abajo, aun no me daba cuenta que no llevaba puesto los zapatos; empezaba a hacer calor, así que el sentir la frialdad del piso no me molestaba mucho, por el contrario, me resultaba agradable.
Abajo junto a la puerta de entrada estaba el regalo que tanto había añorado, mi bicicleta de color rojo. ¡Era acaso posible! No sería que aún me encontraba dormida o en aquel estado en que te parece que las cosas son reales cuando en realidad no lo son. Con miedo me acerque hacia ella, la miré con recelo, el olor a nuevo me hizo estremecer, sus colores brillantes parecían iluminar toda la habitación. Afuera la gente aún soñaba, y sentí que yo también lo hacia, los gallos aún no cantaban, y mis padres aún dormían plácidamente en su habitación.
Y fue entonces que supe que era de verdad, era mi bicicleta, por fin mis padres habían cumplido con lo prometido hacía tanto tiempo. Y ya siendo mía pensé que era momento de echarle una probadita, así que me trepé a ella como pude, con mucha prisa y mayor torpeza, pero el lugar era demasiado pequeño como para poder echarme a andar sobre ella.
Esperé un buen rato a que mis padres despertarán, y tuve que esperar aun más hasta tomarme todo el desayuno, para luego salir disparada hacia la calle sin siquiera haberme dado cuenta de lo que me había desayunado.
Una vez en la calle, me negué rotundamente a que se me ayudara a subirme a la "bici", y mucho menos a que me hicieran pasar la vergüenza de sostener la bicicleta mientras yo la manejaba. Estaba claro que yo ya sabia manejar, lo había hecho en mis sueños; en ellos yo manejaba hasta sin manos, me transportaba a lugares desconocidos fuera de este mundo. Mis padres hartos ya de tanto reclamo de mi parte accedieron y sólo atinaron a mirar como, al igual que la primera vez, me subía torpemente a la bicicleta. Una vez sobre ella, puse la punta del pie izquierdo sobre el suelo mientras que la derecha ya se apoyaba sobre el pedal; me impulse tanto como pude, y recuerdo que fueron los segundos más largos de mi vida, en cámara lenta sentí cómo todo mi cuerpo se contorneaba de derecha a izquierda realizando movimientos ondulantes, para finalmente ir a dar contra el piso. Al ponerme en pie, vi las raspaduras en mis brazos y piernas, y pensé en aquel momento que mi carrera como ciclista había terminado.
Mucho tiempo me tomó aprender a manejar aquella bicicleta. Yo sabia todo lo que tenía que hacer para echarla andar, sabia el funcionamiento de cada parte de la bicicleta, lo que desconocía era cómo manejar mi cuerpo para hacerlo armonizar con aquel vehículo.
A veces en la vida existen diversas situaciones que se nos presentan y frente a ellas casi siempre nuestra mente sabe cómo afrontarlas, sin embargo muchas veces nuestro cuerpo, que tiene un lenguaje diferente, puede resultar comportándose de una manera inesperada.
Creemos que tenemos el control total de nuestras emociones y sentimientos y eso nos hace vivir confiados, sin embargo, existen hoy en día muchos embarazos no deseados, matrimonios destruidos, enfermedades trasmitidas en un momento de poco juicio, donde los cuerpos hablaron por su propia cuenta. Y entonces  se suele escuchar: “¡Oh! nunca creí que podría hacer esto”, o “cómo fui capaz de hacer aquello”. Entendamos que muchas veces nuestros ímpetus pueden correr más rápido que nuestro cerebro, y ganarle la posibilidad de razonar calmadamente sobre determinada situación, a fin de ver si lo que estamos a punto de hacer es bueno para nosotros, si nos beneficiará o por el contrario nos traerá momentos de lágrimas y toda una vida de amargura, No por nada la Biblia nos dice en 1ª de Corintios 6:18 "huid de la fornicación". Querido amigo(a) no nos sobre estimemos, las oportunidades para darnos cuenta que somos falibles se presentarán tarde o temprano, y ojala que para entonces  hayamos aprendido a decir que ¡NO! y tengamos los pies prestos para salir huyendo, aún en contra de lo que opine nuestro cuerpo.

A - MARTE

Muchas personas piensan que el amor es una locura, que ataca a los más débiles e indefensos, y que lo único que logra es agravar en ellos su triste situación. Canciones lloronas, películas melodramáticas, poemas desgarradores, lágrimas, sollozos, clinex y demás son elementos que muchas personas atribuyen al amor. “No me enamoro para no sufrir” es lo que muchos manifiestan a lo largo de su vida; la mala experiencia que han afrontado los convierte es seres desconfiados, resentidos y peleados a muerte con el amor, optando por aislarse y mirar como seres de Marte a aquellos que por desgracia han sido totalmente intoxicados con aquel sentimiento que a ellos les dejó el amargo sabor a chocolate vencido o leche vinagrada.
Sin embargo una, dos o más experiencias desagradables que se haya tenido, no significa que tenga que ser una constante en nuestra vida. Si bien el amor que sentimos los seres humanos no es perfecto y por el contrario, más imperfecciones no puede tener, es aquella humanidad la que hace interesante el enamorarse, porque donde se juntó "el hambre y la necesidad", en muchos casos dio a luz las ganas de salir adelante. El amor no tiene por ser el personaje malvado de la película, el villano despiadado que va hiriendo y matando a cada paso que da, pues hasta de los personajes más siniestros, en alguna oportunidad, se ha mostrado su lado cálido y tierno.
No permitamos que nuestros rencores nos nieguen la posibilidad de encontrar a ese ser que Dios ideo justo a nuestra medida. Aquel que calce perfectamente en nuestra vida. Tal vez si hubiésemos detenido nuestros ímpetus, y la tierna locura de la juventud, para preguntarle a Dios si esa persona espectacular que apareció en nuestras vidas, que se mostró como el ser más maravilloso de la tierra, era el que Él había destinado para nosotros, o si era sólo un espejismo de aquella que más tarde tendría que venir, nos hubiésemos ahorrado lágrimas, arrugas, envejecimiento prematuro, terapia psicológica, etc.

Aprendamos por tanto a ESPERAR. Recuerda que no necesitamos ir hasta Marte para aprender a amar, empecemos en el lugar donde nos encontremos; el amor no es interplanetario, es divino, y nos lo ha dado Dios, y mientras más cerca estemos de Él,  más amor seremos capaces de dar, y mientras más lejos, mayores serán nuestras ganas de sentenciar irremediablemente al amor a morir colgado en el patíbulo.

COMPARTIENDO EL DOLOR

De un momento a otro parece que todo termina, son contados los segundos que se pueden aprovechar. En medio del caos, la puerta de salida es lo único que se espera poder ver, pues es precisamente por allí por donde se volverá a nacer. Los gritos de las personas se oyen en medio de la nada, pero son casi apagados por aquel terrible ruido que produce la naturaleza enojada con nosotros, aquel sonido imperceptible para quienes no están viviéndolo, pero demasiado real y eterno para los que sienten el olor a muerte rondando sus vidas. No hay tiempo para detenerse a pensar, el instinto de supervivencia les dice que deben moverse de donde estén, y en atención a aquel llamado, van corriendo de un lado a otro, asiendo con dura firmeza la mano pequeña de algún hijo suyo, mientras que el indolente reloj no termina por marcar el final de aquel momento.
La muerte no viene con juegos, sino con la espada desenvainada, dispuesta a dejar caer su cruento manto sobre el que se le atraviese en el camino. Tiene a su favor nuestros miedos y nuestra escasa costumbre de recordar que somos finitos, y que nuestro destino no esta precisamente en nuestras pequeñas manos, sino en las de Dios.
Para todo aquel que lo vivió, para todo aquel que aún lo recuerda, para todo aquel que fue azotado por la naturaleza, va desde este blog todo mi respeto, consideración, oración y mi ferviente deseo por que se reconstruyan, no sólo casas o edificios, sino corazones destrozados, vidas adoloridas y familias fragmentadas…
Aquí algunas recomendaciones que nunca están demás:
Antes de un sismo: - En tu domicilio, escuela o trabajo elabora un plan de emergencias, a fin de identificar las zonas de seguridad, las salidas de emergencia y las rutas de evacuación.
- Sujeta en forma adecuada cuadros, libreros, repisas, archiveros, mesas, etc. Esto evitará que con facilidad se caigan.
- Localiza la ubicación de extintores, hidrantes, botiquines, interruptores de corriente eléctrica, así como las llaves de agua y gas.
- Identifica los servicios de emergencia más cercanos a tu escuela, trabajo y domicilio y elabora un directorio que siempre tengas a la mano.
- Procura concentrar en un lugar accesible una lámpara de mano, un radio de baterías, documentos importantes, un cambio de ropa, agua y un botiquín.
Durante un sismo:
- Sigue las instrucciones del personal responsable ante la emergencia.
- Dirígete a las zonas de repliegue o al sitio identificado como el más seguro.
- Procura mantener la calma, si puedes hacerlo tranquiliza a las personas que lo requieran.
- Apaga cigarros o cualquier objeto que pueda provocar un incendio.
- Retírate de ventanas, lámparas, mamparas de vidrio, equipo o maquinaria que pudiera caer.
- Aléjate de objetos calientes.
- No utilices elevadores.
- En caso necesario protégete en el marco de una puerta, junto a una columna o debajo de un escritorio.
- Si te encuentras en el exterior, dirígete a las zonas de seguridad preestablecidas. Aléjate de ventanas, cables de luz y alta tensión.
- Si te encuentras manejando, frena lentamente, prende las luces de emergencia y estaciónate en un sitio seguro (nunca debajo de puentes, pasos a desnivel o cables de alta tensión).
Después de un sismo:
- Cierra las llaves de agua y gas. Si percibes olor a gas, desconecta el interruptor de energía eléctrica.
- No enciendas cerillos ni equipo que origine flama o aquellos artículos eléctricos que puedan producir chispa.
- Sigue las instrucciones de los grupos especializados en emergencias y procura cooperar con las disposiciones emitidas.
- Si se considera que es más seguro evacuar el edificio; habrá que hacerlo.
- Si es posible, ayuda a las personas lesionadas, no trates de moverlas, a menos que estén en peligro.
foto tomada de http://www.cch.unam.mx/sestudiantil/sismo.htm

ALIGERA TU MOCHILA

Primer día de clases.  Ivancito estrenaría su mochila nueva; qué feliz se sentía al mirarla y ver que sus personajes favoritos aparecían delicadamente dibujados sobre ella, era lo que tanto había deseado, y ahora estaba a punto de estrenarla. Su madre colocó cuidadosamente en la mochila, los cuadernos, libros y sus nuevos lápices de lindos colores; colocó también, la abundante merienda para el recreo. Qué feliz se veía el niño, cada vez que veía a su madre guardando con esmero cada una de estas cosas que hacían más valiosa su nueva adquisición.
Con el respectivo beso de despedida de su madre, Ivancito se encamino al colegio. Ya se imaginaba escribiendo sobre aquellos cuadernos de hojas de colores, ya se veía disfrutando de sus lápices nuevos, ya se veía guardándolo luego en su linda mochila, ya saboreaba anticipadamente su merienda dulce y apetitosa.
El olor a nuevo que despedía su mochila producía en niño una cálida emoción y lo hacia soñar despierto imaginando los elogios que recibiría de sus compañeros de clase.
Cuando aún faltaba un buen trecho para llegar a su escuela, Ivancito vio regados por el camino diversos envoltorios de caramelos de brillantes colores, y  dejándose seducir por ellos, rápidamente los recogió y los guardó en su mochila.
 Pasos más adelante encontró piedrecitas de extrañas formas de animalitos, soldaditos, aviones, y no pudiendo resistir la tentación también se los guardó rápidamente en la mochila. Poco después divisó una simpática ranita que saltaba por los charcos de agua, y ni corto ni perezoso se lanzó tras ella y la atrapó con no poca dificultad, para luego guardarla cuidadosamente en su mochila.
Durante todo el tiempo que duró el recorrido hacia su colegio, el niño fue recogiendo de la calle y guardando en su mochila, botellas, clavitos, pedacitos de losetas, recortes de periódicos, insectos, canicas,  latas de conservas de vistosos colores, y muchas cosas más.
Tiempo después el peso de su mochila comenzó a notarse a cada paso que daba, ahora le cansaba más avanzar con ligereza; sin embargo, se negó a si mismo y a su cansancio el despojarse de sus preciados tesoros.
Con mucho esfuerzo llegó al colegio, se sentó en el mismo pupitre que usó el año pasado, y al abrir su mochila grande fue su sorpresa cuando advirtió que sus cuadernos libros y lápices de colores estaban sucios y dañados, y aún su apetitosa merienda tenía tierra por todos lados. Las cosas que había recogido y guardado a lo largo del camino habían arruinado sus preciados útiles escolares. Ya no les podría mostrar con orgullo a sus amiguitos lo generosos que habían sido sus padres al comprarle todo lo que él quería. Y lo que era peor, todo en él también aparecía afeado, sucio y desaliñado.
Amigos, esto mismo puede suceder a lo argo de nuestra vida. Dios nos ha dado una “mochila” con todo lo que REALMENTE necesitamos, sin embargo en nuestro diario caminar por esta vida, puede que encontremos basura regada a cada paso, y lo que es peor, puede que hagamos “nuestra” toda aquella basura, y ello tarde o temprano nos dañará, nos ensuciará y nos avergonzará delante de los demás.
Recuerda que todo lo que necesitamos Dios ya nos lo ha dado y lo recibimos por fe. Todo lo demás, lo único que hará es hacer pesado nuestro diario caminar. Aligera tu mochila, echa fuera de ti todo aquello que no sirve: iras, pleitos, resentimientos, amarguras, desidias, indiferencia, orgullo, vanidades, etc, etc. y verás que así tu camino será muchos más fácil de transitar.

LUCHA POR ALCANZAR TUS SUEÑOS


Todo lo que querramos en la vida nos tendrá que costar. Las cosas fáciles que podamos; recibir jamás lograrán tener ese saborcillo dulce y cálido en los labios, que nos produce el habernos esforzado por conseguir nuestros propios sueños y objetivos. Generalmente estamos acostumbrados a que nos “regalen” la vida, a que nos lo den todo en bandeja de plata; esperamos que nuestro grado de participación en la consecución de nuestras metas sea mínimo. “Baje 20 kilos de peso en treinta días” señala un anuncio publicitario. A la vista, el referido anuncio se muestra atractivo y genera expectativa. Muchas personas, seguramente, correrán a leer detenidamente aquel anuncio, deseosas de encontrar la solución a aquellos kilillos de más, que de un tiempo a esta parte, ya estorban. Sin embargo, más abajo y  en líneas más pequeñas, aquel anuncio muestra de manera cruda el verdadero secreto del éxito: “llévese una bicicleta estacionaria y ejercítese”, y es entonces cuando el entusiasmo termina por desinflarse en nuestras narices.
La verdad es que a la mayoría no nos gusta esforzarnos, no nos gusta "sudar la camiseta" por lo que anhelamos, no queremos que nuestras frágiles espaldas sientan el rudo peso del trabajo honrado; optando, finalmente,  por formar parte de la enorme lista de aquellos que buscan a toda costa "evitar la fatiga".

Lograr mantener la unidad en el hogar es una tarea que todos sus miembros deberían asumir; mantener nuestra autoestima en su sitio, requiere que nos esforcemos en que así sea; sostener una relación de pareja implica también un grado de esfuerzo y mucha dedicación, a fin que los años que se lleven juntos produzcan el fruto esperado.
Amigo lector, la Biblia nos habla en Mateo 7:24-27, de dos hombres: uno prudente y otro insensato. El prudente construyó su casa sobre la roca, pero para ello tuvo que cavar a profundidad, y en cada paso, me imagino que pensaba en su familia, en lo cómodos y seguros que estarían en su nueva casa, por tanto no le importó esforzarse de sobre manera, no le importó ver sus manos ampolladas por el trabajo, sino que no se detuvo hasta llegar a la roca, hasta que no se topó con ella no paró en su trabajo, y allí construyó su vivienda. Mas adelante nos sigue diciendo la Bíblia, que descendió la lluvia y soplaron los vientos, pero la casa no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca.
El otro hombre, el insensato, no estuvo dispuesto a pasar por todo ello, no estuvo dispuesto a esforzarse como lo hizo aquel otro; por el contrario quiso ahorrarse esfuerzo, dinero y tiempo; sin embargo, la Escritura nos dice que descendió la lluvia y soplaron los vientos,  pero a diferencia del primer caso, la casa de este hombre insensato, cayó y fue grande su ruina.
Amigo lector, la vida es como aquella casa, de ti depende sobre quién la fundamentas, si sobre tus propias ideas y razonamientos, si sobre tus propias fuerzas, o sobre el conocimiento de nuestro Señor, sobre la roca firme que es Jesucristo. Recuerda que en la vida siempre habrán “lluvias” y “vientos” pero en ti esta la elección de cómo atravesar por todos aquellos difíciles momentos.

VUELVE A EMPEZAR



Hay momentos en que tal vez pienses que realmente te encuentras completamente solo(a) en el mundo, y desde esa perspectiva, seguramente, todo a tu alrededor se torna triste, lluvioso y apagado; es como si te encontraras en una perpetua oscuridad, condenado(a) a vivir en un mundo de tinieblas, mientras que allá afuera parece que la realidad es otra, afuera todos cantan y ríen, en su mundo su cielo es azul, mientras que en el tuyo el sol "tiro la toalla", cansado ya de tratar de imponer su luz en tu mundo a oscuras. Mientras que los días van y vienen sin que a ti te llame mucho la atención, hasta las fuerzas parecen irse despegando de tu cuerpo, y entonces te preguntas ¿Qué me pasa? ¿Por qué me sucede esto a mí?
Querido amigo(a) tu estado es el estado natural de muchísimas personas en todo el planeta, las cuales se han visto sumergidas en la más profunda tristeza, cuya causa en cierto modo desconocen, algunos le llaman: depresión, yo le llamo "tristeza del alma".
La depresión puede atacar a cualquier persona en algún momento de su vida. Hasta un hombre de Dios como el profeta Elías, se vio sumergido en la depresión, hasta el punto de desear que Dios le quitase la vida, porque ya no soportaba vivir con sus miedos y temores  (1 Reyes 19:4). Tal vez tú también te sientas igual o peor, quizás ya ni siquiera desees seguir viviendo; sin embargo, déjame decirte que tu vida tiene un propósito, que no importan las circunstancias en las que fuiste engendrado(a), pues desde el mismo instante en que te empezaste a formar en el vientre de tu madre, tu vida ya tenía un propósito que cumplir.
El profeta del que te hablo quería morir, pero aún le faltaba mucho por hacer (1 Reyes 19: 15-16). Seguramente a ti también; sin embargo al igual que a este hombre, tal vez también necesites descansar un poco, descansar de tus miedos, descansar de tus angustias, descansar de todo aquello que te mantiene presionado(a). Dice la Biblia que Dios alimentó al profeta, porque todavía tenía que caminar un buen trecho, pero además le dejó dormir para poder renovar sus fuerzas, le dejó llorar y quejarse todo cuanto quiso, pero en el tiempo previsto le ordenó levantarse.
Seguramente ya has llorado todo cuanto has querido, ahora descansa para que recuperes tus fuerzas, deja a un lado lo mal que hoy se ven las cosas, y tómate un tiempo para empezar de nuevo, puede parecer que estas tan metido(a) en tus problemas que sería difícil empezar de nuevo, sin embargo es posible, porque esta vez,  no lo harás solo(a). Si tal vez escribiste, con tu puño y letra y por tu propia cuenta de manera dispareja, desordenada y temblorosa los primeros capítulos de tu vida, ahora déjate ayudar, déjate guiar por Dios. Sólo Él te puede enseñar a escribir una nueva historia, Él puede tomar tu mano entre las suyas y enseñarte a escribir una historia donde las manchas que dejaron tus  lágrimas no aparezcan nunca más…

CUANDO YA NO EXISTEN LAS PALABRAS


A veces donde ya no existen palabras, se usan otros medios para comunicarse. Cuando se acaban las palabras, los puños, muchas veces llegan a tomar su lugar. Y pese a creer que los golpes sanan pronto y las heridas cicatrizan, para quien los sufrió, a pesar de los años transcurridos, el dolor y el recuerdo, aún permanecen intactos.
Amigo lector, quizás tú has sido víctima de los puños de alguien, quizás te quebraron algo más que el cuerpo, quizás hoy te preguntes por qué no te sientes como cualquiera de las personas que te rodean, por qué sientes que arrastras pesadas cadenas que te impiden ir al mismo paso que todos, por qué hasta hoy, y pese a tu edad, aún te ves como un niño(a) llenó de miedo, tristeza, soledad y aungustia, y pese a tu fuerza, por dentro aún te sientes débil y frágil.
El maltrato que se haya sufrido en cualquier etapa de nuestra vida, provocado por cualquier persona, se constituye en un freno en el normal desarrollo de nuestros afectos. Es como una enorme cadena enroscada alrededor de nuestros brazos, de nuestros pies y de nuestra boca que nos impiden abrazar a quiénes amamos; correr hacia la libertad y expresar lo que sentimos, sin temor a ser heridos.
Mucha gente aún vive con sus amargos recuerdos, aún revive día tras día el daño sufrido. Sin embargo no tienen por que vivir así. Ninguno de nosotros fue creado para sufrir, para ser maltratado, para vivir encerrado en oscuras prisiones; y si hoy te sientes así, déjame decirte que existe alguien que tiene la llave para abrir la celda y dejar libre tu alma, ese es Dios. Él no ha sido culpable de lo que te ha ocurrido, Él siempre ha estado a tu lado, y aunque no lo creas, te ha protegido, y hoy pretende ayudarte a superar tus miedos y a sanar tus heridas del alma. Su mano está extendida, tal vez probaste de todo para sentirte mejor, pero lo único que lograste fue adormecer momentáneamente tus pesares. Sin embargo Dios puede darte la verdadera libertad; sólo tienes que hacer esta pequeña oración: “Señor Jesús, vengo ante Ti buscando tu ayuda, pues ya no puedo solo(a), necesito que me liberes de mis recuerdos, de mis tristezas, haz de mi un hombre/mujer libre. Te necesito, entra en mi corazón y desde allí empieza a sanar todas mis heridas, se Tú mi Señor y Salvador. Amén”

EN MOMENTOS ASÍ


Son pocas las palabras que uno puede expresar en momentos en que existe mucha tristeza, cuando el corazón llora y desfallece ante tanto dolor.
No es fácil encontrar las palabras precisas, sin embargo a través de este pequeño espacio, pretendo enviar palabras de consuelo que lleguen al corazón de aquellos que en este momento sufran alguna pérdida. Sé que el dolor es mucho, y es en estos momentos en que considero que toda la raza humana debe darse la mano, dando de lo que tienen, yendo hasta el mismo lugar de la devastación; o simplemente elevando una plegaria al cielo, rogando que algo así no vuelva a suceder.
Al esposo que perdió a la esposa, a la madre que perdió a los hijos, a los amigos que lo perdieron todo, a los ancianos que se quedaron solos, a los niños que perdieron sus padres;  a todos ellos va desde aquí todo mi deseo que vuelvan a ser una gran familia, que el que no tiene padres, acoja en su corazón al que ya no tiene hijos; que sus caminos sean despejados, que su ciudad sea levantada, que su familia sea reunida, que sus muertos sean enterrados y recordados con mucho amor, que sus ruinas sean reedificadas, pero principalmente que su corazón sea sanado, que aquella herida abierta que hoy se evidencia en su corazón sea curada; que vuelvan a sonreir  y a dar gracias por la segunda oportunidad que tienen para hacer las cosas mucho mejor que antes.
Amigos de Haití ¡Dios los bendiga a todos!.

ESTE DÍA NO TIENE PORQUE SER MALO

Realmente en la vida no existen mayores obstáculos que los que uno mismo quiere tener. Todo está en cómo miras las cosas. Si bien es cierto, existen días en que realmente nada se ve claro, días en los que no hubiésemos querido levantarnos de la cama, días en los que parece que todo nos sale mal, que todo está en contra nuestra y que todo el planeta y sus alrededores están en confabulación para echarnos a perder el día.
Sin embargo, no son malos todos los días de nuestra vida. Hay días buenos, buenísimos y súper buenos, lo que sucede es que siempre tenemos la tendencia de fijar en nuestra mente, con mayor firmeza, todo lo malo que nos sucede.
En un día malo, muchos creeremos, por ejemplo, que el café amarga más de lo común y que las tostadas se quemaron demasiado; que de la noche a la mañana engordamos veinte kilos; que la ropa que tenemos en el closet esta pasada de moda, que nuestros zapatos piden un urgente cambio.
En un día malo, tal vez, nos llegue como avalancha los recibos de agua, luz, teléfono, cable, Internet, gas, etc. En un día malo, puede que caiga lluvia ácida de un momento a otro, y no estemos preparados, o tal vez se reviente la llanta del carro y lleguemos tardísimo a alguna cita importante. En un día al que llames “malo” cualquier cosa puede pasar.
Empero si este es un día malo para ti, la forma en cómo lo vivas dependerá de la actitud con la que lo enfrentes. Dependerá, por ejemplo de la actitud con la que te despiertes: renegando porque no dormiste lo suficiente o dando gracias a Dios por un día más de vida. Muchos amanecen con el ánimo revuelto, con el cerebro hasta el piso y el entusiasmo extraviado. Muchos saldrán de sus casas manteniendo el mismo desánimo, trabajarán porque, no hay de otra, “hay que trabajar” comerán sin gusto, conversarán monótonamente, reirán casi en forma mecánica y regresarán a sus hogares por el mismo y rutinario camino por el que salieron y volverán a mojar sus zapatos en el mismo charco de agua, por el que pasaron en la mañana;
Querido lector, recuerda que cada uno de nosotros tendrá que pasar por algún día malo en su vida, sin embargo lo importante es cómo lo enfrentas. Este es un buen momento para acercarte a Dios y pedirle:
Fortaleza para afrontar las dificultades,
sabiduría para disfrutar la bonanza,
paciencia para esperar los resultados,
confianza para descansar en Él,
amor para hacer felices a otros,
paz para lidiar con la tormenta,
convicción para no negar tu fe
esperanza para mirar hacia el futuro
bondad para no dañar a nadie
misericordia para saber extender tu mano
y luz para encontrar el camino a casa…

NO ESPERES MAÑANA


Es común oír  a las personas decir: “mejor lo dejo para mañana”. sin embargo el dejar las cosas para mañana es un mal hábito, que no debemos seguir permitiendo en nuestra vida.
No esperes a mañana para hacer lo que tienes que hacer hoy. Hoy es un buen día para decirle a esa persona que la quieres, que te importa, que valoras lo que hace por ti. Hoy es un buen día para pedir perdón por el daño o la ofensa causada, por aquella herida en el corazón ajeno que aún está abierta; es un buen día para reconocer que te equivocaste. Hoy es un buen día para llamar por teléfono a ese amigo de la infancia, al que dejaste de frecuentar, pero que aún recuerdas con cariño. Hoy es un buen día para visitar a tus padres si están lejos de ti, o para ir corriendo a su habitación y decirles lo mucho que los amas y lo agradecido(a) que estas por su cariño. Hoy es un buen día para elevar una oración a Dios, para reconocer que realmente lo necesitas, para decirle que intentaste, pero no lograste llenar con nada, el vacío que hay en tu corazón y que sólo Él puede llenar. Hoy es un buen día para escribir un libro, un cuento, una biografía, plantar un árbol, dibujar algo lindo, o estrenar algo nuevo. Hoy es un buen día para buenas cosas. No esperes a mañana, pues el mañana es una palabra tan imprecisa que tal vez nunca llegue.
Mucha gente espera el día de mañana para decidirse a hacer algo para sí misma o para los demás. Esperan al día de mañana para estrenar una sonrisa sincera; esperan un día más para reconciliarse con la familia, con el esposo(a), con los hijos, con los amigos o con la vida misma.
La Biblia nos habla en el Libro de Éxodo 8:5-10 que Dios había enviado una plaga de ranas sobre la tierra de Egipto, y las ranas estaban por todos los lugares, dentro de sus casas, sobre sus camas y aún sobre los mismos egipcios. Al ver esto el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les pidió que orasen a Dios para que las ranas sean quitadas de Egipto. Entonces Moisés preguntó al Faraón: ¿Cuándo deseas que oremos a Dios para que las ranas sean quitadas? La respuesta en esta situación hubiese sido ¡AHORA MISMO! ¡YA! , sin embargo la Biblia nos dice que Faraón respondió “MAÑANA”. Es decir, a pesar que tenía frente a él la solución para su problema, prefirió soportar las ranas hasta el día siguiente, es decir prefirió un día más con la suciedad, un día más con la incomodidad, un día más con aquella plaga.
Así como Faraón muchas personas esperan vivir un día más con sus propias “ranas” que representan sus resentimientos, sus amarguras, sus miserias, pese a que existe la posibilidad que sus vidas cambien desde HOY
Amigo lector, no esperes hasta el día de mañana, hoy es un buen día para abrazar a tu familia. Para disfrutar de las cosas sencillas de la vida, pero principalmente es un buen día para acercarte a Dios ¡no lo dejes esperando hasta mañana!
 

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NI UNA EXCUSA MÁS

Hoy que empieza un nuevo año, seguramente dentro de nuestros buenos propósitos, está el de ser más puntuales. Llegar temprano a una cita, cualquiera que sea, ha sido un tormento para casi todas las personas (salvo honrosas excepciones). Uno realmente no entiende cómo la hora avanza despiadadamente sin que podamos evitarlo, y cuando ya estamos a punto de salir, recordamos que algo se nos ha olvidado, tal vez la plancha enchufada, o la cocina encendida, o tal vez nos damos cuenta que llevamos zapatos de distintos colores, etc. Sea lo que fuera siempre aparece algo que nos impide salir con tiempo suficiente, es cómo si todo el universo se confabulara para impedirnos llegar temprano a nuestra cita.
Pese a todo ello, entiendo que la puntualidad es un hábito que bien pudiéramos adquirir; sin embargo muchos, lejos de practicarlo, se entercan en inventar cuanta excusa sea posible para evitar las constantes llamadas de atención debido a su tardanza.
Por ejemplo muchas personas arriban con cualquier excusa cuando llegan tarde al trabajo. Las coartadas comunes incluyen desde falsas enfermedades: “que si desapareció misteriosamente uno de sus riñones”, “que si le creció cinco centímetros el dedo gordo del pie derecho”, “que si al hijo nuevamente le sacaron las amígdalas”; hasta trágicas muertes en la familia: “que si se murió por tercera vez la abuelita, y esta vez para siempre”. Otros toman de excusa problemas en el tránsito: “que si demoró quince minutos en cambiar la luz del semáforo”, “que si un avión comercial hizo un aterrizaje forzoso en plena autopista y frente a su vehículo”. Otros apelan a situaciones muchos más espectaculares: “que si tuvo un encuentro con un platillo volador”, “que si el canario de la familia otra vez tuvo dolor de muelas”. etc.
sin embargo, empezamos un nuevo año, al que llamaré: "el año de los desafíos" Por tanto te animo a dejar atrás las absurdas excusas y a procurar practicar la puntualidad en su más amplia expresión, no esperemos ser públicamente avergonzados para empezar a cambiar. No siempre podremos salir airosos de algún apuro a causa de nuestra impuntualidad, y por el contrario, seremos tildados como los típicos tardones que nunca respetan los horarios.
Levantémonos temprano, planifiquemos lo que haremos durante el día, preparemos un día antes lo que llevaremos puesto, lo que cocinaremos, a quién veremos, etc. Es cuestión de decisión. ¡Decídete!

APRENDE A DECIR NO (II PARTE)

Muchas veces no has sentido que las cosas a tu alrededor no están bien, que la gente que está cerca de ti hace cosas indebidas y tú no dices ni haces nada para evitarlo, por temor a ser rechazado del grupo social en el que te encuentras.
Ser parte de algo, sentirse como una pieza que encaja perfectamente en un engranaje, o esfera social, siempre ha sido la forma de vida del ser humano, debido a ello, las personas que se auto aíslan son consideradas como seres extraños, cuya compañía frecuentemente rehuimos.
El hecho de integrar un grupo humano, cualquiera que sea, implica adaptación a las reglas establecidas por el grupo. Sin embargo, muchas veces esas “reglas” lesionan lo que se piensa, o lo que sientes. Muchas personas son expuestas a situaciones peligrosas o vergonzosas dentro del grupo, y las han soportado con valía, tragándose la ira o la humillación, por el simple hecho de permanecer en el grupo social con el que se sienten identificados.
Ello deviene en un grave problema, puesto que tarde o temprano se convertirá en un círculo vicioso del que no podrán salir.
Si bien es cierto el sentirse solo es algo difícil de manejar en estos días, no permitas que el simple hecho de no tener con quién hablar o relacionarte, te lleve a aceptar ser humillado(a), insultado(a), menoscabado(a), teniendo que soportar, además, diversas situaciones de las que en otros tiempos jamás hubieras participado.
Si el grupo de amigos al que perteneces te obliga a realizar prácticas que te desagradan, resulta siendo hora de reflexionar al respecto y sopesar si vale la pena seguir o no en aquel círculo. Si luego de ello evalúas que fue más lo que perdiste que lo que ganaste formando parte del mismo, es tiempo de salir de él, de huir si es posible, es tiempo de aprender a decir NO: "no participaré de este daño" "No me prestaré para esta injusticia" "no me aprovecharé de ésta situación". 
Busca otro grupo que sea movido por buenos principios y valores, que respete la opinión de las personas y te trasmita seguridad y confianza. De lo contrario, si por terquedad o por temor permaneces dentro de aquel círculo social "viciado", tarde o temprano terminarás por convertirte en uno de ellos, en su mismo modo de pensar, y en su mismo modo de actuar…

APRENDE A DECIR NO (I PARTE)

La soledad muchas veces acompañada de otros factores, ya sean estos,  familiares, sociales y morales, ha generado que muchas personas soporten situaciones injustas y hasta humillantes. Muchas mujeres y hombres incluso, han sido sometidos a maltratos y vejaciones por parte de la persona sobre la cual vaciaron su amor y convirtieron en su “última esperanza” para ser felices en esta vida. Debido a ello han soportado hidalgamente: arrogancias, golpes, insultos, indiferencias y demás actos y omisiones derramados sobre sus sentimientos y emociones.
La consecuencia de ello ha sido y sigue siendo autoestimas destruidas, auto culpas auto impuestas y una herida abierta en el corazón.
Lo triste es que la felicidad que esperaban alcanzar al lado de aquella persona, hasta ahora no llega ni llegará nunca, ya que lo que desconocen es que ambas partes se encuentran involucradas en una relación tormentosa que poco o nada proporcionará bienestar para ambos. Por el contrario tanto el que es agredido y soporta la situación por temor a encontrarse de un momento a otro solo en este mundo, como el que arremete y provoca la agresión, son personas que tienen un sentido equivocado de lo que es el verdadero amor, y  ambas se encuentran en imposibilidad de trasmitirlo.
Hoy que esta a punto de terminar el año 2009, es buen momento para analizar si la relación que sostienes esta dentro de aquellas calificadas como tormentosas, lesivas y nocivas para la salud emocional. Si es así es tiempo de aprender a decir NO, “no quiero que me trates mal”, “no quiero oír más esas groserías”, “no quiero que me sigas diciendo que soy un tonto (a)” “no quiero escuchar más que no valgo nada, que todo lo hago mal”. Es tiempo de decir NO, y de ser necesario, es tiempo de poner un alto a la relación. No importa el tiempo que lleves con él o ella, si son tres o diez años, haz un balance objetivo y analiza cómo has sido tratado(a) durante todo ese tiempo. Pero NO intentes disculpar maquillando las situaciones en las que te sentiste herido (a) ni mucho menos intentes culparte por ello.
Seguramente que si llevas poco tiempo te resultará más fácil cortar la relación, sin embargo date cuenta que si ya son años los que llevas aguantando y aguantando, y no cambió en nada la situación, es porque ya no tiene remedio. Pero debes ser sumamente objetivo(a), y si te es imposible hacerlo, pide ayuda, conversa con alguna persona madura que haya estado cerca de tu relación, quién mejor que ella para poder hacerte ver y poner en relieve los momentos tristes que pasaste, las humillaciones que te hicieron sentir, y el hondo vacío que hasta hoy experimentas. Nada te ayudará a tomar la resolución de cerrar este capítulo en tu vida que el hecho de saber que detrás de la puerta puedes encontrar al verdadero amor, aquel que Dios preparó para ti desde tiempo atrás, aquel que, tal vez, aún sigue esperando, pero que no puede llegar a tu vida porque tu corazón esta ocupado, no por amor, sino por un sentimiento vil, deshonesto y dañino que muchas veces confundimos con amor, pero que definitivamente no lo es…

NO TEMAS EMPAPARTE UN POQUITO


Muchas veces solemos ser fáciles para sumergirnos en la tristeza, al primer asomo de problema, al primer chubasco, sentimos que el mundo entero cae sobre nosotros, y es entonces cuando empezamos a ver todo "negro", y estando en aquella situación lo único que lograremos es desanimarnos más, desesperarnos más, entristecernos más. Sin embargo el problema en estar de "malas" no es la circunstancia en si, sino todo lo que la rodea; son los pensamientos que se generan a raíz de aquella situación.
Por ejemplo, si el hecho de haber perdido el trabajo, o haber desaprobado el ciclo en la universidad, o haber sido abandonado por el novio(a) sólo nos generará tristeza y uno que otro suspirito, aquella situación y otras más, serían llevaderas; sin embargo lo que agrava la situación es todo lo que rodea a cada evento triste en nuestra vida.
Esto, según los ejemplos que he dado, se ve cuando el trabajador despedido, además de la pena que siente porque lo despidieron y porque peligra el sustento propio o el de su familia, le adiciona un ingrediente de frustración, lo cual lo hará sentirse como un perdedor, un hombre torpe en su trabajo, con pocas posibilidades de conseguir el mismo empleo y mucho menos de conseguir otro mejor.
En el caso de estudiante reprobado, si sólo guardará sus malas calificaciones, llorará sus penas un rato y decidiera triplicar su empeño y dedicación, sería excelente; sin embargo si a todo aquello éste le añade el sentimiento de baja autoestima, para inmediatamente empezar a sentirse  tonto, inútil, bueno para nada, la vergüenza de sus padres, etc. entonces definitivamente el problema crecerá desproporcionadamente, y sin la ayuda necesaria, llegaría a perderse en el abismo de sus confusiones y distorsionado sentido de la realidad.
En el caso del novio(a) al que han abandonado, si sólo se limitara a pasear sus penas con los amigos y guardará prudente luto a su rota relación, sería saludable y hasta motivador; sin embargo, si a ello le adiciona el hecho de sentirse horriblemente feo(a), de creerse poca cosa, incapaz de retener a alguien a su lado, entonces lo que sería una semana de lágrimas y recuerdos del ayer, se convertirá en toda una vida de sentimientos de culpa e inseguridad.
Tú y yo podemos evitar que la mirada que tenemos de nosotros se distorsioné para mal, el secreto está en cómo asumimos lo bueno o malo que nos pasa en la vida. De ello depende todo. Si tomamos todo lo malo con buenos ojos, entonces nuestra capacidad de ser hombres o mujeres de fe, crecerá cada día un poco más, si por el contrario, dejamos que el sufrimiento se desborde, el problema se presentará ante nosotros demasiado imponente y poderosos como para poder combatirlo con nuestras débiles fuerzas alicaídas.
Debemos aprender que las cosas que nos pasan, aunque estas sean malas, siempre traerán una enseñanza para nosotros; incluso la muerte misma, nos enseña que debemos valorar la vida y a aquellos que gracias a Dios aún tenemos con nosotros.
Caminar bajo la lluvia puede ser una experiencia sumamente emocionante, si vas del brazo de la persona querida, hasta las gotitas molestas te parecerán suaves caricias irresistibles de evitar. Cosa diferente será  si asumes la actitud incorrecta, pues entonces sentirás que el cielo se te cae encima y que todos los ángeles lloran por tu desgracia y tu mala estrella. Entonces sentirás que mojarte la ropa no tendrá nada de romántico, sino por el contrario, sentirás que te imprime un peso extra en tu afligida existencia.
Frente a ello, recuerda que a veces es necesario pasar por todo ello para luego poder sonreír, para ver un hermoso arco iris primero tendrás que mojarte, de ti depende si el tiempo que estés bajo la lluvia lo pases con la cara larga o avizorando anhelante la llegada del hermoso arco iris.

SE FUERTE

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Este mundo realmente es para los fuertes. Seguramente has escuchado esto “No te dejes vencer por el mal”. Esto está escrito en la Biblia (Romanos 12:21), y muchos pueden pensar que todo el “rollo” de la Biblia está enfocado para ancianitas de cabello cano o enfermos desahuciados; sin embargo la Biblia entera y este llamado en especial, trae una verdad tan grande que no hace acepción de personas.
Este es un llamado a ser valientes e íntegros en todo tiempo. Si eres joven imagínate que eres el héroe de una película de ficción, que tiene que sortear toda una serie de peligros para obtener el premio anhelado (una preciada espada, la corona del rey o la hija de éste). Hasta en las películas se respeta mucho la integridad del personaje principal, ya que no puede existir un héroe manipulable o sobornable. Si por el contrario quien lee esto es un hombre o una mujer que hace tiempo dejó de ser un mozuelo(a), deberán imaginar que son los mandatarios de alguna nación y que en sus manos está llevar a dicha nación hacia el progreso o hacia la ruina total, manteniendo pleno respeto por el derecho ajeno y la igualdad de las personas, pues es harto conocido el rechazo a los mandatarios opresores y déspotas ¡En fin! cada uno de nosotros puede ser el protagonista de su propia novela, y en ella tendrá que desarrollar una actitud acorde con el papel que desarrolla, llevando siempre por consigna: “No te dejes vencer por el mal”.
En la vida cotidiana esto implica no dejarse vencer por todo lo malo que nos rodea, implica no cerrar los ojos, ni dejarse llevar por la corriente. Implica, por ejemplo: no permitir que nuestras manos puedan levantarse contra nuestro prójimo, ni retener injustificadamente el jornal de nuestros trabajadores, ni cerrarse en puño ante la necesidad del menesteroso; significa no manchar nuestras manos con sangre inocente, ni guardar con ellas el dinero de un soborno. Significa no permitir que nuestros ojos se deslicen sobre la figura del cónyuge ajeno, o se deleiten mirando pasivamente la injusticia. “No te dejes vencer por el mal” significa, también, no permitir que nuestra boca se llene de mentiras nacidas en el corazón; o que de ella se eleven plegarias, pero también se salpiquen maldiciones o palabras soeces. Significa no permitir que nuestros pies sirvan para patear las ilusiones de otros, o que se dirijan raudamente y sin control hasta las telarañas que la degradación moral va sembrando en los rincones de oscuridad.
Por el contrario, se nos dice: “Vence al mal con el bien” lo que significa que donde veamos la necesidad desparramarse ante nuestros ojos, nuestras manos puedan alcanzar a alguien un pedazo de paz, o una caricia, o simplemente sostener una vida a punto de caer en la desesperanza. Significa que donde veamos la oscuridad, podamos encender una luz brillante; que donde veamos a los niños llorar sin consuelo, podamos llegarnos hasta ellos con el corazón abierto y los brazos extendidos; que donde oigamos que la gente se cansa de vivir, o que arranca de otro la vida, podamos nosotros impartir un trozo de nuestra vidas.
Este es un llamado que no distingue raza, sexo o condición social. Seamos fuerte siempre, porque este mundo lo conquistan los que resisten. Seamos una generación que se juegue cada día por la paz, que venza la adversidad con todo lo bueno que Dios ha puesto en nuestras manos y en nuestro corazón.

NUNCA DEJES DE CORRER

Esta vida es como una carrera y en ella, queramos o no, todos corremos; pero no todos corremos por el mismo motivo. Algunas personas corren para engordar su vanidad, queriendo limar sus asperezas en salones de belleza, que ofrecen a su clientela la formula secreta para devolverle a su cutis, la firmeza perdida. Horas de horas se hallan metidos en centros de masajes que prometen desestresarlos de la rutina diaria, al punto de pretender romperlos y volverlo a reconstruirlos bajo los habilidosos pies de alguna experta en la materia. Otros corren apurados, porque concertaron una cita amorosa y ya llevan dos horas de retraso, corren llevando consigo flores ya marchitas y estrujadas y bombones que ya se han derretido, mientras que dentro de si van tramando una buena excusa que los saque del problema. Otros corren hacia los tribunales a enfrascarse en juicios de nunca acabar, llevando bajo el brazo apelaciones, leyes enmendadas, códigos, revistas y demás artilugios para su defensa, para ver el modo en cómo hundir al adversario y cobrar los jugosos honorarios
Otros, en cambio corren a encontrarse con quien destruirá su matrimonio, o su inocencia, con los ojos de la mujer extraña, con la zalamera, con la que ablanda con sus palabras en la oscuridad de la noche, con aquella que, tal vez, los dormirá y les robará lo poco o mucho que tengan. Otros corren con zapatillas, vinchas y la camiseta del club de sus amores, ávidos de gritar un “gol” cargado de violencia, llevando en sus bolsillos piedras, palos, botellas, cuchillos y demás cosillas que darán mayor “emoción” al partido. Otros corren a citas de negocios, a firmar cheques, a comprar y vender e incluso perderlo todo en contados segundos.
Frente a todo ello cabe preguntar: ¿Hacia dónde, querido lector, corres tú todos los días? De la meta que tengas en tu mente dependerá la carrera que realices, o los atajos que tomes para alcanzarla. Caminar por la senda correcta y mantenerse en ella es muy difícil, pero no imposible. Sé que la cuesta, realmente, "cuesta" subirla; sin embargo no importa lo largo del camino o lo difícil que parezca, Dios ha dispuesto a prestos “aguateros” que te alcanzarán, durante toda tu vida, el agua que te reconforte y que sacie tu sed.
Así que, sabiendo todo ello, despojémonos de la envidia que nos corroe por el progreso del vecino; de la avaricia, del rencor por el engaño o por la ofensa sufrida y de todo lo que constituye un “peso extra” en la mochila y empecemos a correr para lograr que nuestra vida y la de los que nos rodean sea mejor cada día. Ajustémonos bien las agujetas porque, aunque el camino es largo, la recompensa que nos espera al llegar a la meta es más de lo que, cada uno de nosotros puede en esta vida siquiera imaginar.

EMPIEZA A CAMBIAR DESDE HOY

Tal vez, a alguien le pase lo mismo que a mi, cuando al ver a los estudiantes universitarios, inmediatamente, vienen a mi mente los recuerdos de aquellas memorables épocas, cuando había que llegar a las siete de la mañana a clases, para luego salir disparados hacia el cafetín a tomar el desayuno, mientras que otros ya habían aprovechado, los minutos en la combi, para tomar el jugo y comer el pan con mantequilla. Y luego la odiosa programación de exámenes, con los subsiguientes apuros y nervios, las montañas de papeles por leer y memorizar y la infaltable habilidad, de algunos, para echarle un vistazo al examen del mejor alumno del salón.
Así también me viene el recuerdo de las famosas exposiciones y el consiguiente sorteo para elegir al “suertudo” que tendría que exponer, en quince minutos, con voz firme y de memoria toda la “Teoría tetrárquica de la norma”. Así como los poco agradables exámenes sorpresa, y la asombrosa habilidad de algunos, para memorizar, en contados segundos, toda la materia. El compañerismo verdadero, los chistes entre amigos, los apodos a los profes, los alegres momentos en la biblioteca, donde la bulla y el alboroto habían derrocado despiadadamente al apacible silencio; así como el recuerdo de los amigos que se fueron quedando a lo largo del camino.
A su modo, cada uno de nosotros se esforzó por llegar a la meta, por escuchar el tan ansiado: APROBADO, luego de rendir el examen profesional. Lo cual significaba la recompensa a todo el esfuerzo, y sacrificio por cinco o seis largos años.
Sin embargo ello no termina sólo allí, sino que constantemente somos evaluados, nuestros familiares nos evalúan, nuestros amigos, nuestros vecinos, etc. y lo triste es que no siempre resultamos aprobamos. El año está por terminar y con él  vendrán las celebraciones y el deseo de un mejor año; sin embargo, para que ello ocurra, deberá existir mucho más que buenos deseos, pues dependerá del esfuerzo que pongamos día tras día. Un hombre no será aprobado como buen padre, si sólo cumple su papel como tal el día de navidad o en el cumpleaños de los hijos; el maestro no será aprobado como tal sólo porque empiece a preparar anticipadamente sus lecciones el último mes del año, como para apaciguar la conciencia; el esposo no será aprobado como buen esposo,  si únicamente por navidad se dispone a no maltratar a la esposa. Eso quiere decir que el hecho de ser aprobados, por nuestros semejantes, dependerá de cómo hemos vivido durante al año, de cómo hemos afrontado las dificultades, de cómo hemos tratado a las personas.
Ahora,  no nos confundamos, ser aprobado por los demás no significa que vamos a vivir pendientes del "que dirán" de la  gente. Esa no es la idea, la idea es que quien aprobará primero nuestro diario vivir será Dios, y si Él nos aprueba, nosotros mismos nos aprobaremos, y si ello pasa, la gente, tarde o temprano lo hará.
Haz un recuento de cómo has vivido este año; no esperes llegar a las once y cincuenta y cinco del 31 de Diciembre para hacerlo; hazlo desde ahora; no esperes que llegué el próximo año para cambiar, empieza desde hoy...tal vez alguien seguro te lo agradecerá.

NATALICIO DE ESTE BLOG

Daisypath Anniversary tickers
Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.