"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"
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Apaga el Celular


El otro día me encontraba haciendo cola en un banco de la localidad, cuando de repente escuché el ringtone de un celular, al instante busqué al propietario del mismo, y me percaté que era la joven que estaba delante de mí en la cola. La vi contestar disimuladamente el teléfono, mirando a todos lados para que no la fuera a descubrir el vigilante del banco. Mientras que frente a mi vi un letrero que hacía alusión a la prohibición de contestar los teléfonos celulares en el banco, al tiempo en que escuchaba cómo la dueña del celular le decía a su interlocutor: “Te voy a hablar hasta que vengan a decirme que apague el celular”. 
Esta escena me hizo pensar que mucha gente camina por la vida con la misma consigna, esperando trasgredir las normas de Dios, hasta que venga alguien a decirle que lo que hace está mal. Como cristianos muchas veces caemos en lo mismo o permitimos que la gente siga andando lejos de Dios,  sin que nos atrevamos a decirles que “apaguen” la diaria y cotidiana conversación que tienen con el pecado. “Apagar el celular” hoy en día significa un llamado de atención que Dios nos ha encomendado a cada uno de nosotros  para este mundo que se pierde, que vive su vida de espaldas a Dios.
Amigo lector, Dios anhela la salvación de tu alma, anhela vivir contigo por toda la eternidad, pero para ello debes saber que hay un enorme letrero que dice: “Prohibido el pecado”, porque Dios ama al pecador, pero no el pecado. Permite hoy día que Dios te limpie con su Santa Presencia y te enseñe a vivir una vida diferente, para que nadie tenga que levantar el dedo acusador contra ti, sino que seas de ejemplo para tu familia, tu comunidad y tu país.

Por la Cuerda Floja

Siempre me sorprendió la gran capacidad de los equilibristas de no caerse, pese a encontrarse caminando sobre una delgada cuerda bien tensada. El ver el espectáculo era muy emocionante. Muchas veces el equilibrista bromeando, hacía el ademán de caerse y era normal escuchar los gritos de espanto y sobresalto en el público espectador. Yo me divertía mucho viéndolos, aunque siempre me quedó ese temor de un día ver caer a alguno de ellos.
En lo espiritual, mucha gente vive su vida en la cuerda floja, haciendo equilibrio para no caerse, sin embargo, y pese a ello, muchos caen para no levantarse más. Caen en los vicios, caen en la depresión, en el conformismo, en el adulterio, en la fornicación, etc.
Amigo, Dios no quiere que vivas una vida pendiente del hilo de tus propias fuerzas, de tu autosuficiencia, Él quiere que des pasos seguros, firmes y que lo hagas sobre un camino donde no tengas que hacer equilibrio entre hacer lo bueno y hacer lo malo, entre ser cristiano y ser pecador, entre vivir en santidad y vivir deshonestamente. Dios no acepta el equilibrio entre lo bueno y lo malo. En esta vida hay que ser radicales para ser vencedores, y ser vencedores para alcanzar la recompensa y la recompensa es vivir toda la eternidad con Cristo.

SACANDO LA BASURA

Cuando era niña, recuerdo que una de las cosas más desagradables, que me ordenaban hacer era sacar la basura fuera de la casa. El solo hecho de tener que ir hacia la parte más fea de la casa, al lugar más alejado y alzar con la bolsa de desperdicios, para luego tener que salir a la calle y dejar en la acera la basura que otros se la llevarían, me causaba asco, sin embargo sabía que si no lo hacía empezaría a sentirse en el ambiente el desagradable olor que despide la basura guardada.
Para mi era desagradable, porque no me gustaba tener que cargar con esos desperdicios, porque no tenía buen olor y porque en mi mente conocía la mayor parte de las cosas que habían dentro. Más tarde oía el sonar de la campanilla que anunciaba que, el camión recolector de basura, había llegado para limpiar el barrio entero de la suciedad que había en cada casa. Claro que habían personas que no tenían la más mínima intención de sacar su basura, y es por eso que las veíamos sacarla cada cierto tiempo, cuando seguramente ya no aguantaban el olor.
En nuestra vida cristiana sucede lo mismo, cada uno de nosotros puede acumular dentro de su corazón cosas que van en contra de la voluntad de Dios. “Desperdicios” que están ocupando el lugar para la oración, la lectura bíblica y la comunión con Dios. Despojarnos de todo ello puede que nos cause cierto malestar, pues somos consientes de las veces que hemos trasgredido la voluntad de Dios, de allí que, por lo general, los pecados ocupen el lugar más oscuro y desagradable dentro de nuestro corazón.
Muchos quizás estén consientes que guardar todo ello, traerá graves consecuencias; sin embargo puede que estén ya tan habituados a ver regados en su corazón toda clase de impurezas, que no les interese darse prisa en despojarse de todo ello, al escuchar sonar la campana del “recolector de basura” que Dios ha provisto, y que nos hace ver que es hora de vaciar la basura acumulada, pues empieza a tener mal olor.
Hoy tenemos la preciosa oportunidad de sacar todo lo malo que haya en nuestro corazón y, a través de la oración, poder erradicarla de nuestra vida.
Que tu oración sea el vehículo que Dios use para llevarse de ti todo lo que empiece a heder dentro de tu corazón, y que el Espíritu Santo, cual campana que alerta el tiempo preciso para sacar fuera de nuestras “casas” nuestros pecados, nos ayude a estar atentos a su diario sonar, y nos capacite para entender que la basura que hoy no es sacada fuera, mañana empezará a oler mal, y que tarde o temprano aquellos que nos rodean, se darán perfecta cuenta de ello.

PAÑOS DE LIMPIEZA

Qué lindo es preparar la comida para quienes se ama. Para la que es ama de casa esto resulta una actividad de todos los días. Todos los días hay que pensar en qué se cocinará, y al tener la idea ordenada en la cabeza, el momento de la preparación ha de empezar de inmediato. Tiempo después el aroma que despidan las cacerolas, será una recompensa que aliviará ante el cansancio que se siente luego de tan ardua labor. Empero, lo que el delicioso olor de los alimentos no aliviará, es el hecho de tener que asear lo que hemos tirado y regado por toda la cocina, y siendo que la limpieza resulta indispensable para no afear el aspecto de nuestra cocina, será mejor ponernos a trabajar en el acto, y para ello qué mejor ayudante que un buen paño de limpieza, que nos ayude a barrer con la harina derramada, con los restos de verduras esparcidos por la mesa, qué mejor que este instrumento para sacarle brillo a nuestra cocina y volverla a presentar reluciente ante nuestra familia, y que ellos al ver la cocina chillando de limpia, desconozcan que allí, horas antes hubo todo un tiradero.
Los cristianos somos como aquellos paños de limpieza, que vamos por el mundo tratando de mejorar su aspecto. Y dado que el mundo lo conforman las personas, nuestra labor es ir y pasarle el “paño limpiador” a las almas que se pierden, presentarles a Cristo como la única esperanza de vida, como el único que puede cambiarle el rostro a su corazones, como el único que puede limpiarlos, purificarlos y presentarlos aceptables ante el Padre, para que Éste, ya no vea al viles pecadores, trasgresores de sus principios, sino que vea a Jesús morando en su interior, justificados por el sacrificio de Cristo.
Sin embargo ¿Qué pasaría si los “pañitos de limpieza” que somos todos los cristianos, no estuvieran realmente limpios?, ¿Qué sucede cuándo Ud. quiere limpiar la mesa de su cocina, con un trapo sucio? los resultados serían desastrosos, pues a la suciedad existente en la mesa, le tendríamos que añadir la suciedad obrante en el paño, y como consecuencia de ello la inmundicia sería mayor aún.
Hoy Dios nos está llamando a ser “paños de limpieza” que realmente limpien la cara de este mundo, pero para ello debemos encontrarnos en comunión con Dios, pues sólo Él puede hacer efectiva nuestra misión en esta tierra, sólo con Él seremos portadores de bendición y no de maldición.

PROHIBIDO VOLTEAR EN "U"

Vamos por la carretera, el tiempo avanza y estamos retrasados, en ese momento recordamos que hemos dejado algo en la estufa o que olvidamos nuestras llaves o la cartera, o alguna otra cosa, y de un momento a otro decidimos dar vuelta atrás, de regreso a nuestras casas. Unos instantes después, en el espejo retrovisor vemos aparecer la imagen de un vehículo policial detrás de nosotros, que con sirena aullante nos ordena detenernos. Al percatarnos que es a nosotros a quien insta a parar, optamos por obedecer; bajamos la luna de nuestro vehículo y extendemos la mejor de nuestras sonrisas al agente policial, a la vez que preguntamos inocentemente: “¿Cuál es el problema, señor?” El policía con cara de pocos amigos, nos muestra a lo lejos una señal de tránsito que claramente expresaba: “PROHIBIDO VOLTEAR EN U”; la misma que pasamos sin darnos cuenta, debido a la prisa que llevábamos. “Está prohibido voltear en U” - nos repite el agente policial - “¿Qué, acaso no vio la señal? La verdad es que no la vimos, pese a encontrarse frente a nosotros.
En la vida espiritual sucede lo mismo, somos aquellos que van caminando tomados de la mano de nuestro Dios; sin embargo, en un momento dado, viene a nosotros el recuerdo de algo que dejamos pendiente en nuestro pasado. Recordamos, por ejemplo, que aún no hemos tomado venganza por algo que nos hicieron, o que aún no cobramos nuestra comisión en algo indebido, o que no acudimos a esa cita romántica con aquella persona que tenía problemas en su matrimonio, etc. Puede que a nuestra mente vengan cosas que debieron quedar en el pasado, cosas que hoy nos seducen a volver atrás, a voltear en U. Muchos caen en la trampa y no se dan cuenta que ponen en riesgo no sólo sus vidas, sino de las que los rodean.
“Voltear en U”, para un cristiano, implica transgredir la voluntad de Dios para volver al mundo; es tomar un camino equivocado, ante lo cual seremos merecedores de la “multa” que nuestro pecado amerite.
Amigo, recuerda que la Biblia dice: “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2), y si hoy estas caminando con el Señor, no intentes volver a tu vieja vida plagada de vicios, deja todo atrás, que Dios tiene cosas nuevas cada día para ti. Recuerda que está totalmente prohibido voltear en U.

MOSCAS SOBRE EL PAN

Una de las cosas que más me gusta de la hora del desayuno es el pan, suave, pero a la vez crujiente, calientito y con aquel aroma casero que solo o acompañado es una delicia al paladar.
Muchas personas rechazan comerlo, porque consideran que tiende a engordar, sin embargo otras tantas, han optado por dejar a un lado los prejuicios y considerar a la ahora del desayuno unas cuantas piezas de este rico alimento.
Recuerdo una oportunidad en la que me dirigí a una panadería cercana a mi domicilio para comprar el pan que degustaría toda mi familia a la hora del desayuno. Al momento de acercarme al mostrador para escoger el tipo de pan que compraría aquella mañana, grande fue mi sorpresa al encontrar a dos pequeñas moscas jugueteando despreocupadamente sobre los panes recién salidos del horno, una perseguía a la otra, luego se escondían entre los panes, para después descansar plácidamente sobre ellos. El aroma que despedía el pan era delicioso, su aspecto era muy agradable; sin embargo al ver aquellos cuatro ojillos mirándome, con sus minúsculas patitas puestas sobre el pan que pronto compraría, me generó una gran repulsión. Sabía yo muy bien que las moscas no siempre suelen estar en lugares limpios y que el hecho de verlas sobre aquellos panes me hacía presumir que aquel lugar no era tan pulcro como parecía.
Recuero que salí muy triste de aquel lugar y me dirigí a otra panadería, en donde, si bien los panes no eran tan agradables como aquellos otros; sin embargo, no habían moscas rondándolos. Allí compré el pan para luego llevarlo a casa.
Hermanos, muchos cristianos podemos ser como aquellos "panes", podemos resultar atractivos ante los ojos de los demás, podemos ser amigables, y presentarnos como buenas personas; sin embargo puede ser que dentro de nuestro corazón un puñado de moscas se encuentren rondando y hayan hecho su centro de diversiones en él; lo cual tarde o temprano será puesto en evidencia y ello alejará, no sólo a las personas de nosotros, sino al bendito Espíritu Santo.
Al nacer de nuevo, cada cristiano ha salido del "horno de pan", bien cocido, calientito y con un aroma delicioso; no permitamos que la inmundicia del mundo llegue a posarse sobre nosotros. Alguien dijo: “No puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero sí puedo evitar que se asienten sobre ella”. No podemos evitar que el pecado reine en este mundo, pues el príncipe de las tinieblas, aún no ha sido lanzado al abismo eterno; sin embargo sí podemos evitar que la inmundicia se pegue a nuestras vidas.
Mantengámonos en santidad, a fin que las personas vean que somos tal cual nos presentamos delante de sus ojos y que no existen moscas asentadas en nuestro corazón.

¿VEMOS JUNTOS LA TELE?

Es lindo ver la televisión o algún asunto interesante en Internet acompañado de quienes amamos; compartir esos momentos nos hace sentir que estamos seguros, acompañados y en familia. Sin embargo existen personas que no siempre buscan la compañía de los demás cuando ven la televisión o cuando navegan por el Internet; por el contrario, de cualquier forma, se las arreglan para permanecer solos, encerrados, tal vez, en sus habitaciones o en cabinas privadas de Internet y la pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué será?
Nuestros ojos, así como toda nuestra carne, está inclinada al mal, por algo decía el apóstol Pablo “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:18-19). Es por ello que resulta muy importante el poder cuidar lo que nuestros ojos están viendo, a fin de no dar cabida al enemigo de nuestras almas.
La televisión, así como el Internet son medios de comunicación que pueden servir como instrumentos de bendición, si son bien usados o, por el contrario, pueden traer maldición a nuestra vida.
Amigo, hermano, ¿Te atreverías a ver alguna película de contenido erótico sentado en la sala de tu casa acompañado de tu madre o de tu querida abuelita, o de tus niños pequeños? ¿Navegarías en Internet, viendo decenas de páginas pornográficas acompañado de tu padre o de tu hija? Es casi seguro que las personas que suelen ver este tipo de cosas lo hagan solos, y ello porque son consientes que lo que están viendo no merece ser visto, que es reprochable moralmente, que no es digno de verse. Sin embargo, aquellos tendrán que tener presente que podrán aislarse para ver lo que sus ojos ansían, podrán despedir a todos sus parientes para quedarse solos (as) en sus casas, podrán entrar a cabinas privadas de Internet donde les garanticen la privacidad de lo que observen; sin embargo de la única persona de la que no podrán esconderse es la persona de Dios; pues Él está en todas partes, está allí sentado junto a ellos cuando teclean la página que ha atrapado sus corazones y su voluntad, está allí cuando sus ojos se recrean una y otra vez en escenas que sólo dañan su mente.
Hoy querido amigo, hermano, Dios te está invitando a ver juntos la televisión, a navegar juntos por el mundo del Internet, ¡quien mejor que Él para saber por que lugares transitar! Recuerda desde hoy en adelante que Dios está sentado a tu lado. Sabiendo esto ¿Qué es lo que en adelante vas a mirar en la televisión? ¿Qué páginas web te animarás a abrir? sabiendo que no sólo corres el riesgo de infectar tu equipo con algún virus, sino que al hacerlo puedes dañar tu mente y contaminar tu corazón.

REALMENTE LIMPIOS

El aseo es algo que nos han enseñado desde pequeños y que hemos venido practicando desde entonces. El sentirse limpio, libre de gérmenes, y con buen olor es una necesidad del ser humano, de allí que resulta muy desagradable el percibir malos olores de alguna persona que camina cerca nuestro. Ello es mucho peor al encontrarnos en sitios cerrados como por ejemplo un ascensor. Al percibir uno que otro olor desagradable, las personas tienden a expresar gestos de desagrado, a aguantar la respiración o a tomar rumbos diferentes. En lo espiritual sucede algo similar, la Escritura nos dice que mucha gente que vive sus vidas de espaldas a Dios, están muertos en sus delitos y pecados, es decir, su vida espiritual, debido a su reprochable comportamiento, tiende a despedir olores que son desagradables ante Dios. El pecado, querido(a) amigo(a), es algo que Dios no soporta, es una barrera entre Dios y el hombre. Antes de conocer a Dios, así éramos nosotros, perversos y despreciables, nada bueno había en nosotros, podíamos exhibir trajes bien limpios y bien planchados, pero por dentro nuestra alma se encontraba corrompida, éramos lo que la Escritura llama “sepulcros blanqueados”, limpios por fuera, pero llenos de podredumbre por dentro.
Sin embargo, un día, Dios mostrando su infinito amor, extendió su Santa mano hacia nosotros y nos sacó del lodo cenagoso, del pozo de la desesperación, y una vez fuera nos limpió con su sangre preciosa, nos dio una vestimenta nueva y limpia y nos sentó a su mesa y junto a Él por primera vez en nuestras vidas nos sentimos limpios, en nuestra casa y con nuestro Padre. Hoy Dios aún sigue limpiando y santificando a aquellos que acuden a Él, no importa lo muy manchado que esté tu corazón, o lo desagradablemente sucia que creas que se encuentra tu alma, Dios puede limpiarte, puede purificarte, como cuando eras pequeño y mamá te aseaba y tras el agradable baño, todo era diferente. Hoy sólo tienes que ver ante Dios y pedirle que te limpie y te purifique. Ten por seguro que Él esperándote está…

LOS VALIENTES TAMBIÉN HUYEN

Una mañana me levanté sobresaltada, me puse en pie y empecé a correr escaleras abajo, aun no me daba cuenta que no llevaba puesto los zapatos; empezaba a hacer calor, así que el sentir la frialdad del piso no me molestaba mucho, por el contrario, me resultaba agradable.
Abajo junto a la puerta de entrada estaba el regalo que tanto había añorado, mi bicicleta de color rojo. ¡Era acaso posible! No sería que aún me encontraba dormida o en aquel estado en que te parece que las cosas son reales cuando en realidad no lo son. Con miedo me acerque hacia ella, la miré con recelo, el olor a nuevo me hizo estremecer, sus colores brillantes parecían iluminar toda la habitación. Afuera la gente aún soñaba, y sentí que yo también lo hacia, los gallos aún no cantaban, y mis padres aún dormían plácidamente en su habitación.
Y fue entonces que supe que era de verdad, era mi bicicleta, por fin mis padres habían cumplido con lo prometido hacía tanto tiempo. Y ya siendo mía pensé que era momento de echarle una probadita, así que me trepé a ella como pude, con mucha prisa y mayor torpeza, pero el lugar era demasiado pequeño como para poder echarme a andar sobre ella.
Esperé un buen rato a que mis padres despertarán, y tuve que esperar aun más hasta tomarme todo el desayuno, para luego salir disparada hacia la calle sin siquiera haberme dado cuenta de lo que me había desayunado.
Una vez en la calle, me negué rotundamente a que se me ayudara a subirme a la "bici", y mucho menos a que me hicieran pasar la vergüenza de sostener la bicicleta mientras yo la manejaba. Estaba claro que yo ya sabia manejar, lo había hecho en mis sueños; en ellos yo manejaba hasta sin manos, me transportaba a lugares desconocidos fuera de este mundo. Mis padres hartos ya de tanto reclamo de mi parte accedieron y sólo atinaron a mirar como, al igual que la primera vez, me subía torpemente a la bicicleta. Una vez sobre ella, puse la punta del pie izquierdo sobre el suelo mientras que la derecha ya se apoyaba sobre el pedal; me impulse tanto como pude, y recuerdo que fueron los segundos más largos de mi vida, en cámara lenta sentí cómo todo mi cuerpo se contorneaba de derecha a izquierda realizando movimientos ondulantes, para finalmente ir a dar contra el piso. Al ponerme en pie, vi las raspaduras en mis brazos y piernas, y pensé en aquel momento que mi carrera como ciclista había terminado.
Mucho tiempo me tomó aprender a manejar aquella bicicleta. Yo sabia todo lo que tenía que hacer para echarla andar, sabia el funcionamiento de cada parte de la bicicleta, lo que desconocía era cómo manejar mi cuerpo para hacerlo armonizar con aquel vehículo.
A veces en la vida existen diversas situaciones que se nos presentan y frente a ellas casi siempre nuestra mente sabe cómo afrontarlas, sin embargo muchas veces nuestro cuerpo, que tiene un lenguaje diferente, puede resultar comportándose de una manera inesperada.
Creemos que tenemos el control total de nuestras emociones y sentimientos y eso nos hace vivir confiados, sin embargo, existen hoy en día muchos embarazos no deseados, matrimonios destruidos, enfermedades trasmitidas en un momento de poco juicio, donde los cuerpos hablaron por su propia cuenta. Y entonces  se suele escuchar: “¡Oh! nunca creí que podría hacer esto”, o “cómo fui capaz de hacer aquello”. Entendamos que muchas veces nuestros ímpetus pueden correr más rápido que nuestro cerebro, y ganarle la posibilidad de razonar calmadamente sobre determinada situación, a fin de ver si lo que estamos a punto de hacer es bueno para nosotros, si nos beneficiará o por el contrario nos traerá momentos de lágrimas y toda una vida de amargura, No por nada la Biblia nos dice en 1ª de Corintios 6:18 "huid de la fornicación". Querido amigo(a) no nos sobre estimemos, las oportunidades para darnos cuenta que somos falibles se presentarán tarde o temprano, y ojala que para entonces  hayamos aprendido a decir que ¡NO! y tengamos los pies prestos para salir huyendo, aún en contra de lo que opine nuestro cuerpo.

NATALICIO DE ESTE BLOG

Daisypath Anniversary tickers
Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.