"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"
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¡Te invito a mi cumpleaños!

¡Te invito a mi cumpleaños!, es muy importante para mi que estés presente, te he enviado esta invitación preparada especialmente para ti, la he decorado con besos y sonrisas; y con rayos de sol he escrito tu nombre, también tomé algunas estrellas para decorar la invitación.
Muchos seguramente, hoy me traerán regalos, algunos prestarán mucha atención en la comida que presentaran a mis invitados, otros se preocuparan por los vestidos y el peinado que lucirán, y puede que tú también estés pensando en qué me regalarás en esta noche, sin embargo nada de lo que puedas comprar, sería tan valioso como tu amor.
Espero con ansias verte esta noche; en todo el año casi no nos vimos, pero sabía que en mi cumpleaños no te olvidarías de visitarme, pero por las dudas te envíe personalmente esta tarjeta de invitación. Ven con lo que quieras, y si no tienes nada que ofrecerme, si el dinero no te alcanzó para comprarme algo bonito, ven con las manos vacías, pues aquí en mi fiesta seguro que habrá mucho para compartir.
Te espero y desde ya te extraño muchísimo.
                         
Tu amigo Jesús.

FELIZ NAVIDAD!

DIOS SIEMPRE TE ESCUCHA

Muchas veces la gente te habla y te cuenta sus problemas porque sabe que en ti pude encontrar un consejo o simplemente alguien que callará para escucharlos. Muchas veces una vez que les haz oído, sus fuerzas y esperanzas son reanimadas, y al despedirse te dejan estampado ese beso, ese abrazo o ese apretón de manos que transmiten su gratitud. Ello seguramente muchas veces te ha reconfortado y te ha llenado de la satisfacción de hacer algo bueno por ellos y de ser el canal que Dios usa conforme a sus propósitos. Sin embargo ¿qué sucede cuando eres tú el que necesita ser escuchado? ¿Qué sucede cuando eres tú el que arde en deseos de ser oído, de ser abrazado, de ser consolado? Tal vez , en esos momentos, miras a tu alrededor y no encuentras a nadie, o tal vez las personas a las que un día prestaste ayuda, hoy, cuando las necesitas no tienen tiempo para ti, o tal vez simplemente no les cabe en la mente que tú también necesites de ellos.
Si bien el trabajo que realizas en la obra de Dios, no debe esperar recompensa por parte de los hombres, ni elogios, ni mucho menos retribuciones ni contraprestaciones personales; sin embargo la realidad es que muchos líderes han experimentado el desamparo emocional en sus vidas, lo cual ha generado un excesivo desgaste en sus ministerios. Ello ha conllevado a que éstos oculten, muchas veces, aquella necesidad de ser ministrados, escuchados o consolados, por temor a ser considerados vulnerables y débiles frente a sus discípulos y condiscípulos.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tener algún cargo dentro de la estructura eclesiástica, no significa que se conviertan en caballeros con casco y armadura, inmunes al cansancio, al desánimo, a las pruebas, tristezas, etc, sino que son seres humanos camino a la perfección, que algunas veces caerán en mitad del camino, que algunas veces sentirán cansancio, que algunas veces llorarán y necesitarán que alguien los ayude a seguir avanzando hacia la meta; sin embargo, ten presente que si no existe nadie que en el momento preciso te brinde su hombro, recuerda que Dios siempre está juntito a ti, acude a Él,  pues muchas veces ha tenido que esperar su turno para hablar con nosotros, pues estamos más ocupados buscando consuelo en otras personas, sin saber que nuestro Dios puede darnos todo el consuelo, atención y compañía que necesitamos, en el momento que nos decidamos a pedírselo con todo nuestro corazón.

HAY UN LUGAR PARA TI



¿Alguna vez te has sentido abandonado(a)? ¿Alguna vez has sentido que por más que le hablas a alguien, parece como si no entendiera absolutamente nada de lo que le dices? ¿Alguna vez te han dejado esperando horas y horas por una respuesta, y aquella nunca llegó? ¿Alguna vez has sentido que te quedas sin piso y caes a un profundo abismo, y que en tu caída vas arañando las paredes, sin que nadie oiga tus gritos de auxilio? ¿Alguna vez has sentido que sientes la necesidad de salir corriendo de donde estas hacia un lugar donde nadie te conozca, donde nadie te juzgue, donde nadie opine sobre tu vida y sobre lo que les parece que deberías hacer? ¿Alguna vez has sentido deseos de volverte invisible y saber lo que la gente piensa realmente de ti, y descubrir así quiénes son tus verdaderos amigos? ¿Alguna vez has querido llorar, pero has tenido que aguantarte las ganas y mientras lo hacías has sentido como se formaba un nudo en tu garganta que no te dejaba respirar? ¿Alguna vez has sentido que no estas en el lugar correcto, que no encajas en tu familia, en tu trabajo, en tu universidad, en tu círculo social? Quizás alguna vez has sentido algo o mucho de esto; sin embargo déjame decirte que no has sido creado para sentirte fuera de este mundo, incomprendido(a), abandonado(a); sino que has sido creado para disfrutar una vida en abundancia, para sentarte en un lugar especial, para ser saciado de bien. Ese lugar en la vida únicamente te lo puedes dar Dios; ven a Él y no sigas siendo la pieza triangular en un mundo de cuadrados..Tu lugar te está esperando.

No huyas del amor

Si tuvieras hambre huirías de quien te quisiera dar una pieza de pan,
Si tuvieras sed, huirías de quien te quisiera dar un vaso con agua,
Si tuvieras frío, huirías de quien te quisiera cubrir con su abrigo,
Si tuvieras una dolencia, huirías de quien te pudiera aliviar el dolor,
Si tuvieras miedo, huirías de quien te pudiera brindar seguridad,
Si tuvieras los pies lisiados, huirías de quien te pudiera llevar en sus brazos,
Si tuvieras ganas de hablar, huirías de la única persona que quisiera hablarte,
Si tuvieras un poco de alegría, huirías de quien te ofreciera hacerte feliz por siempre,
Si tuvieras cansancio, huirías de quien te ofreciera descansar en su regazo,
Si tuvieras un secreto, huirías de quien se ofreciera a guardártelo por toda la eternidad,
Si tuvieras ganas de llorar, huirías de quien te ofreciera su hombro desinteresadamente,
Si tuvieras un sueño no cumplido, huirías de quien te ofreciera hacerlo realidad.
Quizás digas en tu corazón “yo jamás huiría de aquella persona que me ofrece todo esto”; sin embargo, déjenme decirles que muchos sí huyen. Y es que a veces solemos “huir del amor”. Muchos jóvenes abandonan sus casas escapando de sus padres, de la seguridad y el confort de una casa hogareña. Muchos huyen del colegio o de la universidad  dejando con ello, a profesores con sincera intención de trasmitirles conocimientos. Del mismo modo otros han decidido huir del amor de Dios; han decidido dejar el pan espiritual, el agua viva, la calidez de su abrigo, la sanidad para su dolor, la seguridad, el confort de sus brazos, el sonido de su cálida voz, una completa felicidad, el descanso en su regazo, el cuidado de sus secretos, el enjugue de sus lágrimas, el cumplimiento de sus sueños y muchas más bendiciones que Dios anhela que el ser humano pueda disfrutar.
Amigo, no huyas del amor de Dios; si has de huir de algo, que sea del pecado, del mundo, del que desea destruir tu vida;  huye hacia los brazos de Dios, pero no huyas de Dios, pues no encontrarás otro lugar más seguro, en este mundo, para asentar tu vida por siempre y para siempre, que bajo la cubierta de su dulce presencia.

VIVIENDO SIN TEMOR

Caminar por las calles se ha convertido en una verdadera odisea, el miedo y la inseguridad se vienen apoderando de la mayoría de las personas, lo cual hace que muchos se muestren temerosos, mirando de derecha a izquierda, de arriba a abajo, con la única finalidad de cerciorarse que no los sigan o que no los esperen en la esquina los “amigos de lo ajeno”. Siendo esto así, no es raro ver a madres asustadizas, aferradas a sus hijos y a sus bolsos, transitando, presurosas por las calles; a jóvenes contestando brevísimamente el celular, para luego guardarlo tímidamente en el bolsillo del pantalón; a niños temerosos, a quienes se les ha enseñado a no hablar con desconocidos, no contestar el saludo, no recibir golosinas, no caminar solos y memorizar los teléfonos de todos los hospitales, compañía de bomberos y comisarías; y a padres de familia que buscan asesorarse en métodos de defensa personal, que ensayan posturas defensivas, “patadas voladoras” y frases de amedrentamiento por si fuera necesario proteger sus vidas o las de sus familias.
Todo ello, denota el alto grado de inseguridad en el que viven las personas. La ciudad les asusta, los periódicos y noticieros incrementan aún más su desconfianza, al punto de llegar a destrozarle los nervios. No tienen paz en su corazón. Sus casas se han convertido en verdaderos fortines; cerrojos, candados, cadenas, protectores de fierro, ventanas reforzadas, púas, alarmas, servicio de vigilancia, perros guardianes y, hasta, monitoreos vía satélite; son sólo una muestra de aquello de lo que el hombre se vale para intentar sentirse seguro y protegido.
Empero, nada de ello servirá, ya que el miedo y el temor esta en su corazón. El salmista dijo: “Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas” (Sal. 61:4). Y vaya que tenía razón; pues no existe, en el mundo ningún lugar, ni casa, ni fortín, ni refugio anti-bomba, en dónde podamos sentirnos seguros y protegidos, sino bajo la sombra de nuestro amado Dios. He allí, la gran diferencia con los que basan su seguridad en sus propias fuerzas. He allí, el motivo de nuestra paz. Jesús dijo “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Desechemos pues, todo miedo y desconfianza, y vivamos con libertad, experimentando, cada día de nuestra vida, aquella paz que Dios nos ha dado y que sobrepasa todo entendimiento, toda comprensión, toda ciencia y toda lógica humana.

CIEGOS DEL ALMA


Se dice que ciego, es una persona que no puede ver, que esta impedida de apreciar los colores y las formas de las cosas, que no puede distinguir entre una cosa y otra. Sin embargo, también existen ciegos que aún viendo la luz del día, viven en tinieblas; esos son los llamados “ciegos del alma”, aquellos, cuya venda no esta puesta sobre sus ojos, sino sobre su corazón, son personas que teniendo la miseria frente a ellos, no son movidos a compasión, son personas que viven en un mundo de sombras y tinieblas, en un mundo que trastocan los preceptos bíblicos, que “a lo bueno llaman malo y a lo malo bueno” son personas cuyas manos torpes, en medio de las tinieblas, no pueden brindar amor, sino únicamente, infringir dolor; son personas que transitan por la vida, tropezando y cayendo de bruces frente a su propia miseria; sin poder distinguir el sendero por el cual se arrastran
Es en medio de este mundo en que decir a Dios “abre mis ojos” se constituye en un ruego que se debe levantar desde las profundidades de nuestro ser, hacia el Dios Todopoderoso, hacia el único que puede abrir las pupilas de aquellos, y las de nuestros propios ojos, para enseñarnos que la luz verdadera no proviene del sol, sino de Él. Sólo entonces, tú y yo, “miraremos”; miraremos el dolor humano y lloraremos con los desprotegidos; sólo entonces miraremos cuando alguien extienda hacia nosotros su mano y podremos, entonces, saciar su carencia de amor; sólo entonces miraremos que había gente a nuestro alrededor dispuesta a amarnos, y, nunca más nos sentiremos solos, sólo entonces, seremos verdaderamente luz en el mundo, aquellos que reflejen la Luz Verdadera, aquella que puede alumbrar hasta el último rincón del corazón del hombre. Sólo, hasta entonces, miraremos Su rostro, resplandeciente, cálido, miraremos sus ojos que nos miran con el más dulce amor que alguien pueda darnos; miraremos su sonrisa invitándonos a ser felices; miraremos sus manos, que nunca soltaron las nuestras, y sólo así podremos caminar seguros y confiados por el sendero que nuestro amado Dios trazó para cada uno de nosotros.

AVES DE PAPEL

Las aves de papel no vuelan, sólo se quedan en su mismo lugar, estáticas. No tienen vida, aunque ellas no lo saben. Tienen alas, pero no saben volar; tienen ojos, pero su mirada se oscureció el día en que las encerraron en una jaula de papel. Tienen boca, pero nunca les enseñaron a decir “te quiero”, tienen alas, pero no las saben usar, tienen plumas, pero durante toda su vida siempre han vivido con  frío.
Las personas las miran de lejos, pero no se animan a tocarlas pues su aspecto es tan frágil, que acercarse un poco resultaría un peligro que nadie quiere correr.
Sus pliegues son tan marcados que evidencian la dureza con las que fueron creadas. Vez tras vez fueron plegadas, desplegadas y nuevamente vueltas a plegar, pero las toscas manos de sus fabricantes nunca lograron darle la forma deseada, por el contrario cada doblez y aún cada desdoble, marcaban sus cuerpos y la finura del papel con el que están hechas.
Las aves de papel ansían volar, pero no saben cómo hacerlo; sin embargo a veces sólo quisieran desdoblarse y volver a ser sólo simples papeles. Ahora yacen arrumadas cerca de lo que otros llaman "cosas inservibles"; han sido tantas veces rehechas, que ello terminó por afear su imagen. Se quebraron sus alas, aquellas que nunca usaron, y ahora que aparentemente ya no sirven, las han arrojado al olvido.
Hoy en día existen muchas personas que son como aquellas aves de papel, que aparentemente tienen todo para vivir como seres comunes y corrientes, sin embargo dentro de ellas esconden marcas que le han rasguñado el alma y el corazón.
Un día fueron niños, con una infancia  por disfrutar, pero la mano tosca de alguien terminó por afear su mundo interno y quebrar en pedacitos el espejo donde se reflejaba su tierna inocencia.
Hoy quiero abrir mi corazón a una de tantas aves de papel que hay en el mundo. No puedo esperar a que llegue hacia mí, por si misma, aunque le tenga extendidos mis brazos con amor. He de ir hacia ella, pues sus hermosas alas de papel, jamás entendieron que se debe mirar primero al cielo para luego empezar volar.

UNA FLOR EN EL DESIERTO

Una hermosa flor fue plantada en medio del desierto. Pequeña y frágil parecía tener todo en contra suya. El viento del desierto amenazaba con arrancar uno a uno sus delicados pétalos, mientras que el sol de cada mañana arremetía con sus potentes rayos, tratando de secar su frágil raíz. El frío por la noche pretendía también, carcomer la delicadez de sus formas.
Una y otra vez la pequeña flor se aferraba a la tierra que la vio nacer, resistiéndose a dejar de vivir en donde había sido destinada. Sin embargo, habían momentos en que pensaba: ¿Por qué tengo que estar aquí?, ¿por qué no fui plantada en otro sitio más cómodo que este? Miraba a su alrededor, y sólo veía montanas de arena de nunca acabar, arbolillos secos y quebrados por el sol y animales huyendo del hambre y de la sed.
Los días pasaron y también los meses, y el panorama no cambiaba, aún se sentía sola y sedienta, aún se imaginaba junto a otras flores bordeando algún arroyuelo, bajo la sombra de algún frondoso árbol.
Las fuerzas se le iban poco a poco, y su apariencia ya no era la de antes, ahora parecía cansada, algo marchita, y sabía que por dentro se secaban sus raíces y sus sueños.
“¿De qué valió haber sido tan hermosa? ¿De qué sirvió haber llegado a este lugar, dónde mi belleza no sirve de nada, ¿De qué valió haber soportado tanto tiempo?, debí haberme dejado morir sin haber malgastado mis fuerzas en vano”, se repetía una y otra vez.
Pero un día, cuando pensó que era el último de sus días, el día en que su fe moriría irremediablemente, el día en que dejaría ya de luchar para dejarse llevar por la desolación, alcanzó a levantar su mirada al cielo, como despidiéndose de él, y vio cómo una pequeña nubecilla, tan pequeñita como ella, se estampaba en el cielo muy cerca del sol. Al poco tiempo vio que aquella nubecilla tomaba una mayor forma e iba creciendo amenazante contra el ardiente sol, cuyo reinado parecía invulnerable.

Poco a poco aquella nube fue creciendo, mientras que un manto sombrío iba cubriendo la faz del desierto, y se iba acercando hacia ella. El calor sofocante fue cediendo, hasta que en el momento menos pensado, sintió en sus pétalos la humedad de muchas gotas de lluvia que caían caprichosamente sobre ella. Un aire de paz y alegría sacudió su ser, mientras que toda ella se iba nutriendo del líquido elemento. Sus fuerzas regresaron y la tierra que enceguecía sus ojos fue arrastrada por el agua.
Una vez que dejó de llover volvió a mirar el mundo con optimismo; y poco tiempo después vio junto a ella las nacientes florecillas, más pequeñas que ella, que le sonreían a la vida, que jugueteaban despreocupadamente y que llegaron con la lluvia para hacerle compañía. Entonces, supo que no estaba sola, supo que Dios siempre estuvo con ella y que todo lo vivido serviría para ayudar a aquellas florecillas, a atravesar las mismas situaciones por las que ella ya había pasado.
Amigo lector, a veces parece que los problemas nos rebasan, que es mejor dejarse llevar, que estamos solos y solos moriremos, que a nadie le importamos, que nuestras cargas son demasiado difíciles de llevar; sin embargo la Biblia dice que Dios nunca nos enviará una prueba mayor que la que podamos soportar (1ª Corintios 10:13).
Recuerda que todo lo que hayas vivido, tarde o temprano servirá para ayudar a otros, ese debe ser nuestro propósito en la vida. Sé una flor en medio del desierto porque sólo allí la experiencia de ver caer la lluvia cobrará un mayor sentido en tu vida.

SE BUSCA

Se le busca, pero a muchos les es difícil encontrarlo, pues pretenden hacerlo con los ojos vendados. Lo han buscado en cantinas donde no sólo abunda el licor, sino las historias de vidas hundidas en el olvido. Lo han buscado en un sin número de fiestas, donde la música ensordece los sentidos, pero no acalla la tristeza. Lo han buscado hasta altas horas de la madrugada, arrastrándose por las calles con los zapatos en la mano y el corazón apretadito a la desesperanza. Lo han buscado en sitios donde destruyen el alma con sólo inhalar su maligno olor. Lo han buscado en medio de tristes canciones, donde la melancolía les cortó las venas e hizo morir sus sueños de a pocos. Lo han buscado en hoteles de paso, en medio de la oscuridad de la noche, donde se mezcló el arrebato y la enorme necesidad de amor. Lo han buscado en miles de películas, donde la ficción jamás superará su hermosa realidad. Lo han buscado entre fardos de dinero, donde todo se compra y todo se vende, menos Él. Lo han buscado en lo alto de la montaña, donde la voz se escucha dos veces, pero el silencio jamás murió...
Lo han buscado, sin encontrarlo aún, porque lo buscaron en lugares equivocados. No estaba en la cantina porque Él es el mejor vino embriagador. No estaba en las fiestas, porque se encontraba preparando una gran boda y una luna de miel, que durará mil años. No estaba en las calles, porque Él tiene un lugar donde habitar. No estaba en medio de las canciones tristes, porque nunca hay tristeza junto a Él. No estaba en hoteles de paso, porque el amor que Él sabe entregar es para siempre. No estaba en las películas, porque nadie podría filmarlo en toda su inmensidad. No estaba en el dinero, porque Él es dueño de todo. No estaba en la montaña, porque tenía la montaña aprisionada entre sus manos.
Dios no estaba en aquellos lugares, no estaba tan lejos, siempre estuvo a nuestro lado, esperando a que volteáramos nuestro rostro y nos encontráramos con el suyo, pero nosotros insistimos una y otra vez en mirar  para el otro lado.
Hoy mismo Dios está junto a ti. No mires más allá, no salgas de tu lecho tibio para buscarlo, Él está a tu lado velando tu sueño.
Duerme tranquilo(a) que Dios no se ha ido. Si Él dijo que estaría con nosotros hasta el fin, con seguridad cumplirá su promesa.

NO TODO ES MALO

Vamos por la vida tan apurados, tan atareados, sin siquiera reparar en las cosas pequeñas de la vida, y debido a ello es que todo nos pareciera que esta mal. Miramos el horizonte y vemos que todo es sombrío, que hay escasez, vemos maximizada la suciedad en las calles, los papeles regados, las cáscaras de fruta aplastadas contra el pavimento. Pasos más adelante, advertimos que el humo de la ciudad crea en el ambiente una nube espesa, que amenaza con volver grises nuestros días soleados. Miramos, también, la terrible congestión que se forma frente a nosotros, los automóviles multicolores formando enormes hileras, tratando de encontrar un pequeño espacio para colarse entre los demás y salir del atolladero, a la vez que el ruido de los cláxones nos ensordece cada vez más; será por ello, dicen algunos, que la gente ya no habla sino grita, y todo por culpa de la contaminación auditiva, que cada día nos vuelve más sordos.
En medio de tal panorama, para muchos resulta imposible detenerse a ver que hay color y vida en medio de esta jungla de cemento. Existen flores que se resisten a dejar de ser bellas y pajarillos que no han perdido la capacidad de cantar; existen árboles viejos y frondosos, con alguna historia que contar. Y en medio de alguna ocasional lluvia que ennegrezca el cielo de nuestra ciudad, aún Dios sigue estampando el arco iris para deleite de aquellos que suelen mirar al cielo.
Si caminas por la vida te darás cuenta que no todo es malo, que si nos detenemos a mirar con más cuidado, veremos que Dios ha creado cosas lindas para recrear nuestros ojos. Es cierto que habrán días malos, pero recuerda que un día dura veinticuatro horas, trata de buscar y ver dentro de ellas algunos momentos de paz y tranquilidad.
Pídele a Dios que abra tus ojos a fin que puedas ver todo lo que estas pasando por alto día tras día, “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” rogaba el salmista en el Salmo 119:18, si tu oración es la misma, estoy segura que ESTE DÍA Dios te sorprenderá gratamente.

MIRA BIEN: "¡LA TUMBA ESTA VACIA!"

En Belén había fiesta, el cumplimiento de la Promesa llegó para abrigar el corazón de la humanidad. Un niño pequeño había nacido, y siendo hijo de Rey, yacía sobre el heno y la paja que le brindaban calor, mientras que el canto de los ángeles al son de los balidos y mugidos de los animales allí presentes, anunciaban que el Salvador de este mundo había llegado.
El Plan divino estaba en marcha, el pequeño abrió sus tiernos ojos a este mundo lleno de maldad, y desde aquel momento hasta que los cerró en el Gólgota, aquella mirada jamás fue cambiada. Años más tarde lo llevarían a la cruz del calvario, raerían sus ropas, mesarían sus barbas, lo escupirían, lo golpearían toda la noche previa a su martirio, pero aquella mirada siguió tan igual que siempre.
El Amado Salvador, nació, creció, vivió y murió con un propósito divino, y qué más divino que el amor y la infinita misericordia del amado Padre por la humanidad.
Sufrió cada desprecio y cada afrenta, experimentó escarnio, su hermoso rostro quedó desfigurado, pero en sus ojos aún permanecía el amor, y en medio de su dolor fue capaz de pedir clemencia por nuestra insensatez: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23: 34), y aquel perdón llegó y con él la posibilidad de un día no lejano estar con Él para siempre: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23: 43) y esta verdad resulta ser una promesa más valiosa que el oro refinado.
Nada apagó aquel amor, y aunque adolorido y sangrante, aún predicaba la compasión y la piedad: “Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre” (Jn. 19: 26-27). Todo el peso de nuestro pecado yacía sobre su humano cuerpo, lacerado y desfalleciente, al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15: 34), fue el grito de angustia, que aún nos sigue remeciendo. Mientras que una sed desgarradora iba consumiendo su ser: “Tengo sed” (Jn. 19:28) se le oyó clamar. Mientras el tiempo transcurría sin detenerse y cuando de su carne ya no brotaba más sangre, sino agua, supo que todo había sido cumplido: “Consumado es” (Jn. 19: 30), pero agonizando y conociendo que la muerte venía por Él, experimentado en quebrando, entregó su espíritu: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23: 46) y lo hizo sólo por amor.
Sus ojos se cerraron en aquella cruz, murió de la peor forma, pero ni la muerte, ni el hades pudo retenerlo, y de allí resucitó victorioso, despojando a los principados y potestades, exhibiendo su derrota públicamente y clavando en la cruz del calvario el acta de los decretos que había contra nosotros.
Aquel niño pequeño, que murió como hombre, pronto regresará como Rey. “Fiel y Verdadero” es Su Nombre. Lo veremos y lo reconoceremos porque aquella mirada de amor, sigue siendo la misma para con todos los suyos. Amén.

A - MARTE

Muchas personas piensan que el amor es una locura, que ataca a los más débiles e indefensos, y que lo único que logra es agravar en ellos su triste situación. Canciones lloronas, películas melodramáticas, poemas desgarradores, lágrimas, sollozos, clinex y demás son elementos que muchas personas atribuyen al amor. “No me enamoro para no sufrir” es lo que muchos manifiestan a lo largo de su vida; la mala experiencia que han afrontado los convierte es seres desconfiados, resentidos y peleados a muerte con el amor, optando por aislarse y mirar como seres de Marte a aquellos que por desgracia han sido totalmente intoxicados con aquel sentimiento que a ellos les dejó el amargo sabor a chocolate vencido o leche vinagrada.
Sin embargo una, dos o más experiencias desagradables que se haya tenido, no significa que tenga que ser una constante en nuestra vida. Si bien el amor que sentimos los seres humanos no es perfecto y por el contrario, más imperfecciones no puede tener, es aquella humanidad la que hace interesante el enamorarse, porque donde se juntó "el hambre y la necesidad", en muchos casos dio a luz las ganas de salir adelante. El amor no tiene por ser el personaje malvado de la película, el villano despiadado que va hiriendo y matando a cada paso que da, pues hasta de los personajes más siniestros, en alguna oportunidad, se ha mostrado su lado cálido y tierno.
No permitamos que nuestros rencores nos nieguen la posibilidad de encontrar a ese ser que Dios ideo justo a nuestra medida. Aquel que calce perfectamente en nuestra vida. Tal vez si hubiésemos detenido nuestros ímpetus, y la tierna locura de la juventud, para preguntarle a Dios si esa persona espectacular que apareció en nuestras vidas, que se mostró como el ser más maravilloso de la tierra, era el que Él había destinado para nosotros, o si era sólo un espejismo de aquella que más tarde tendría que venir, nos hubiésemos ahorrado lágrimas, arrugas, envejecimiento prematuro, terapia psicológica, etc.

Aprendamos por tanto a ESPERAR. Recuerda que no necesitamos ir hasta Marte para aprender a amar, empecemos en el lugar donde nos encontremos; el amor no es interplanetario, es divino, y nos lo ha dado Dios, y mientras más cerca estemos de Él,  más amor seremos capaces de dar, y mientras más lejos, mayores serán nuestras ganas de sentenciar irremediablemente al amor a morir colgado en el patíbulo.

AUNQUE NO LO CREAS...TE AMO

Te amo, aunque casi nunca te lo diga, aunque me levante por las mañanas apurada por salir a trabajar, aunque anteponga entre nosotros ese silencio que tanto odias. Te amo, aunque en el recordatorio de tu nacimiento me haya preocupado más es servir la comida a los invitados que atenderte como es debido. Te amo, aunque muchas veces haya cancelado nuestras citas, por salir de compras con mis amigas olvidando que me estabas esperando en casa. Te amo, aunque me haya negado algunas veces a escucharte, o a sentarme a tu lado sólo para conversar. Te amo, y aunque intente no hacerlo, es imposible evitarlo, pues fuiste capaz de morir por mí en la cruz del calvario. Te amo, y si me dieras cien años más de vida, espero amarte esos cien años y un poquito más…por toda la eternidad.

LA MARAVILLA DE SER MUJER

MUJER, palabra que para todos nosotros tiene un significado diferente. Para unos será la mujer con quien  comparten su vida, la que se levanta muy de mañana, prepara el desayuno, alista a los niños para enviarlos al colegio, los despide con un dulce beso y conserva en su casa un ambiente cálido y seguro. Para otros MUJER es aquella que les dio la vida, que los abrazó desde antes que naciesen, la primera voz que escucharon cuando se iban formando en el vientre, el primer contacto de calor que tuvieron al momento de nacer, los primeros labios que besaron sus rostros pequeñitos y tibios. Para otros MUJER es aquella que les enseñó a escribir m-a-m-á, aquella que colmó sus logros con un 20 en el cuaderno, aquella que les contó la historia del Perú como si  la hubiese vivido en carne propia, la que les enseñó que 2 más 2 es igual a 4. Para algunos otros MUJER es aquella que se encargó de colocarles la primera vacuna, mientras les iba susurrando al oido palabritas de alivio y les entregaba una que otra paletita de dulce.
Para otros tantos MUJER, es la que dirige el trafico, vende en el mercado, reparte la leche, vende los tamalitos de maíz a las seis de la mañana, vuela aviones, litiga en los tribunales, conduce la movilidad escolar, vende cosméticos, se sienta en el sillón presidencial, arregla los zapatos, construye casas, confecciona vestidos de alta costura, apaga incendios, narra las noticias a las ocho de la noche, limpia parabrisas, desfila en pasarelas, etc. MUJER es todo esto y mucho más…¡Feliz día a todas las mujeres!...¡Gracias Dios, por ser una de ellas!

EL OLOR DE LOS RECUERDOS

En estos tiempos en que todo va muy deprisa, siempre resulta gratificante podernos dar un respiro para echar una miradita a aquellos momentos de nuestra vida, en donde todo parecía más fácil y sencillo, recrear aquellos gratos recuerdos que quedaron impresos en nuestro corazón. Por mi parte suelo recordarme sentada en la cocina esperando a que mi madre entibiara la leche, para remojar en ella las galletas de soda que ya estaban servidas en la mesa…¡y que eran sólo para mi¡. Recuerdo las tardes, cuando estábamos juntas, el pequeño cuarto no era impedimento para ser felices, para jugar con ella mis propios juegos, aquellos que iba creando en mi pequeña mente. Me recuerdo escuchando la radio, siempre con mamá al lado, recuerdo que escuchaba las voces de los locutores y en mi mente me imaginaba sus rostros redondos y bonachones, y otros con la nariz puntiaguda y el ceño fruncido, los imaginaba hablándome únicamente a mi, sin que en aquel tiempo pudiera entender mucho todo lo que decían

Recuerdo los concursos radiales que trasmitían sólo para escolares, con preguntas que casi nunca pude responder. Recuerdo el grato olor de aquellos tiempos, esa fragancia inconfundible de un hogar, pese a todo, feliz. Ese olor, que estoy segura, ningún niño jamás olvidará a lo largo de su vida, porque es el que se almacenará en la mente y en el corazón y el que más tarde se recreará en el propio hogar.
Sé que hoy tal vez las cosas no se vean muy claras para ti, sé que tal vez hoy estés necesitando un tiempo para reposar de esta vida tan agitada que llevamos, si es así échale un vistazo a los gratos recuerdos del ayer, cuando la familia en pleno se sentaba a la mesa para comer y para conversar de cosas tan importantes como sencillas, donde la comida se disfrutaba mucho más que ahora, aunque solo llevara tres ingredientes, donde lo único que importaba era que estábamos juntos. Cuando éramos niños y no había refugio más seguro que los brazos de nuestra madre o cuando nuestro padre tenía que encorvarse para poder recibir nuestras tiernas caricias. Échale una miradita, pero no para quedarte atrapado en el pasado, sino para empezar a creer que el futuro puede ser igual, que la familia que hoy estés a punto de formar tendrá aquel mismo olor a felicidad.
Los hijos estamos hechos para volar del nido, pero no para olvidar su calidez, tarde o temprano hallaremos también un lugar cálido donde colocar nuestros polluelos…¡ojala que también logremos sembrar buenos recuerdos en nuestros hijos!, para que la fragancia del amor pueda vencer el fétido olor que despide una niñez sin gratos recuerdos.

LA CULPA NO ES DE LOS DEMÁS

Muchas veces solemos echarle la culpa por nuestros problemas a la gente que nos rodea, en especial a la más cercana, que generalmente es la que más nos quiere. Sin embargo realmente si analizamos todo con la cabeza metida en un balde de agua fría, nos daremos cuenta que nadie tiene la culpa de nuestras tristezas, que nadie apretó nuestros ojos hasta hacernos derramar esas lágrimas de dolor, que nadie metió su mano en nuestro corazón para apretujarlo a su gusto. Nadie puede ser tan importante o representativo como para diplomarlo como el o la causa de nuestras penas.
Si amamos y no nos
corresponden no es culpa de la persona amada, por su falta de misericordia al no regalarnos un "poquito de cariño" o de su "insano corazón" incapaz de conmoverse ante nuestras súplicas y lamentos. La culpa es sólo nuestra.
El ser humano siempre tiende a echarle la culpa a los demás por todo lo malo que le sucede. Ya en el Huerto del Edén esto era una práctica común recordemos la escena en la que Dios descubre que Adán y Eva han comido del fruto prohibido. El hombre recién creadito y en pleno estreno como corona de la creación, echándole la culpa de su desobediencia a la pobre Eva, quien lejos de llorar por está demostración de desamor por parte de su cónyuge, no tardó en echarle la culpa a la vil y astuta serpiente, sobre la cual, en ese instante recayó el dedo acusar de toda la naciente humanidad.
Cada uno de nosotros debe asumir sus propias culpas, nuestras propias penas y lágrimas, pues solamente uno mismo tiene la posibilidad de impedir que el problema que hoy tenemos, cualquiera que sea, avasalle nuestras vidas y se lleve de encuentro a la gente que más nos ama, o que arremeta contra aquellos que sin amarnos también se ven involucrados en el libro de nuestras amargas memorias.
Toma pues tu borrador del perdón y empieza perdonarte tú mismo por culpar a otros de tu infelicidad, por ser el responsable de tus sinsabores. Empieza a borrar cada nombre y apellido que te resulte doloroso, verás que luego de ello el camino empezará a despejarse; las nubes no se verán grisáceas ni a punto de llorar, la luna ya no te parecerá que cae sobre ti para aplastarte, y el sol volverá a hacerte sentir su calor incandescente, que al fin de cuentas es el calor de la libertad de aquellos que aprendieron a perdonar y a olvidar...

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Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.