"Dios envía una lluvia de sonrisas sobre tu vida, un manantial de perdón para vivir en feliz, un mar de bendiciones para compartirlas con otros, un río de paz para saciar tu sed y la nube de gloria para caminar seguro durante toda tu vida"
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El rompecabezas incompleto

Alguna vez ha intentado armar un enorme rompecabezas, de aproximadamente mil piezas. Realmente es todo un desafío muy apasionante, tan es así que resulta tal la satisfacción que se experimenta cuando de a poco vamos viendo aparecer la figura deseada. Sin embargo, lo peor que nos puede suceder es que ya casi para terminar de armarlo, nos demos cuenta que nos falta no cien, ni diez, sino una sola pieza, la última para completar la obra. Tal vez dentro de mil piezas una pieza parezca casi nada; tal vez si colocamos el rompecabezas a gran distancia de nuestra vista parezca completo, pero conforme nos acercamos aparece nuevamente ese espacio vacío, feo, sin vida, sin color. Aunque queramos olvidarnos de ello, nuestros ojos volverán a fijarse en aquel espacio vacío. Y nos recordará que allí falta algo, que allí falta una pieza, tal vez la más importante.
Lo mismo sucede con nuestras vidas. Aparentemente parecemos personas “normales”, personas que lo tenemos todo, completitas, perfectas; sin embargo, mucha gente tiene un espacio vacío que hasta el día de hoy no logra completar. Ese espacio vacío sólo lo puede llenar Dios. Ese espacio vacío está representando nuestra su mala relación con su creador, su poca comunión con Él, su autosuficiencia, etc. Sin embargo Dios quiere y puede llenar ese vacío, de tal manera que Ud. no sea una obra incompleta, que no tenga que esconder su carencia, o no tenga que llenarla con cosas que en vez de edificarle, terminarán por arruinar su vida.
Busque a Dios ahora que puede ser hallado, llámele en tanto que está cercano (Isaías 55:6). Hoy puede ser un buen día para dejar de estar incompleto!!!.

Asombrando a Dios

¿A cuántos les gustan las sorpresas?, la cara de asombro que ponemos ante una fiesta de cumpleaños sorpresa, ante una buena calificación no esperada, ante un ascenso en el trabajo, ante el anuncio de la llegada de un nuevo hijo al hogar. Existen situaciones que nos llenarán de un gran asombro; cosas que nos llenarán el alma de alegría; sin embargo triste es cuando el asombro proviene de una mala noticia, de un despido laboral, del corte de algún servicio público, etc. estas y otras más nos causarán un triste asombro.
Amigo que hoy me lees, con Dios sucede lo mismo, Él también se asombra con cada una de nuestras actitudes, pero la pregunta sería ¿qué tipo de asombro estamos generando en el rostro de Dios, de alegría o de tristeza?.
La Biblia en Mateo 15: 21-28, dice que en uno de los tantos recorridos de Jesús, se encontró con una mujer que le asombró gratamente por su enorme fe, esta era una mujer cananea cuya hija se encontraba gravemente atormentada por un demonio. Al ver la fe de aquella mujer, Jesús se asombró, se maravilló y exclamó: “Oh mujer, grande es tu fe” La fe de esta mujer era lo que había movido las más íntimas fibras de la compasión de Jesús, y provocó el milagro para su hija en aquella misma hora.
En otra parte de la Biblia en Marcos 6:5-6 dice: “Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos…” Aquí vemos como Jesús fue asombrado pero de manera negativa, y ello debido a la falta de fe o incredulidad de la gente, lo cual provocó que no se pudieran realizar muchos milagros en aquel lugar.
Hoy en día, podemos seguir asombrando a Dios con nuestra confianza y fe en Él, hoy Él puede seguir exclamando: ¡Oh, hijo(a) grande es tu fe!, porque le has creído aún en medio de las pruebas, porque has cerrado tus oídos a las quejas del mundo y sólo has escuchado su voz que te decía: ¡sigue adelante! o también puedes entristecer su corazón con tu incredulidad, al no creer que Él tiene el poder suficiente para sostenerte, para cambiar y mejorar tu realidad, para vencer las obras del diablo.
Hoy puede ser un buen comienzo para empezar a creerle a Dios, y de este modo, alegrar su corazón cada día con nuestras muestras sinceras de fe en Él.

La Verdadera prosperidad

No cabe duda que el ser humano es capaz de hacer cualquier cosa que le digan, para poder asegurarse un buen año. Algunos, en pleno sonar de las doce campanadas, habrán comido casi atragantándose, doce enormes uvas. Otros habrán comido muchas lentejas para que nunca les falte dinero. Otros ansiosos de poder conocer nuevos lugares, si es que el físico se los permitió, habrán dado la vuelta a toda la manzana. Otros por el contrario, hartos del año que se fue, decepcionados tal vez porque sus sueños nunca se cumplieron, habrán quemado, sin piedad, al pobre muñeco de trapo, vestido con ropas viejas; representando así el año viejo que se va.
En fin, el ser humano siempre ha buscado y seguirá buscando la prosperidad, y para ello es capaz de realizar todos los rituales; sin embargo querido lector, ninguna práctica de este tipo, será útil para atraer la prosperidad a nuestras vidas. Toda ellas, son falibles, pues ha sido el propio ser humano quien las ha creado, aumentando o reduciendo sus componentes de acuerdo a las personas a las que va dirigida, a sus gustos o a sus posibilidades económicas. Sin embargo en estas pocas líneas pretendo explicarles de manera fácil y rápida el verdadero secreto de la prosperidad, y es bueno saber que ya son muchos los que la han aplicado a sus vidas, al seguir fielmente sus instrucciones, y los resultados han sido sorprendentes. En primer lugar debemos definir el concepto de prosperidad, entendida erróneamente por muchos, como la riqueza material, las liviandades, o el poder. Empero, la verdadera prosperidad es, por ejemplo, poder disfrutar toda una tarde con la familia, sin que hayan riñas o malos entendidos (2 Tesalonicenses 3:16); es ver a los hijos creer en sujeción y sabiduría (Isaías 54:13); es ser como un “árbol plantado junto a corrientes de aguas” (Salmo 1:3) Es poder “dormir tranquilo durante toda la noche” (Salmo 4:8), es poder gozar de paz en medio de las tormentas (Isaías 26:3).
En segundo lugar es necesario desear con todo el corazón todas estas cosas y más, que tal vez falten en su vida. En tercer lugar debemos entender que todas estas cosas son dadas por DIOS y Él anhela que este nuevo año y todos los venideros, sean prósperos para ti, y para ello debes invitarlo a tu corazón, porque este es el lugar estratégico desde donde Dios puede gobernar tu vida y llevarte por el camino de la prosperidad (Mateo 36:33), sólo tienes que hacer esta pequeña oración: “Señor Jesús, realmente reconozco que he vivido alejado de ti, sin embargo no quiero seguir viviendo de esta forma. Te pido que entres en mi corazón, y me enseñes a hacer tu santa voluntad, perdona mis pecados, y te recibo como mi Señor y Salvador. Amén”
Si hiciste esta oración. Dios entró en tu vida y ese, con seguridad, es el mejor regalo que hayas podido recibir en este nuevo año. Y de todo corazón, a todos ustedes, les deseo un Feliz año y que la paz y el amor de Dios reine en sus corazones.

¡Feliz año 2011!

¡Te invito a mi cumpleaños!

¡Te invito a mi cumpleaños!, es muy importante para mi que estés presente, te he enviado esta invitación preparada especialmente para ti, la he decorado con besos y sonrisas; y con rayos de sol he escrito tu nombre, también tomé algunas estrellas para decorar la invitación.
Muchos seguramente, hoy me traerán regalos, algunos prestarán mucha atención en la comida que presentaran a mis invitados, otros se preocuparan por los vestidos y el peinado que lucirán, y puede que tú también estés pensando en qué me regalarás en esta noche, sin embargo nada de lo que puedas comprar, sería tan valioso como tu amor.
Espero con ansias verte esta noche; en todo el año casi no nos vimos, pero sabía que en mi cumpleaños no te olvidarías de visitarme, pero por las dudas te envíe personalmente esta tarjeta de invitación. Ven con lo que quieras, y si no tienes nada que ofrecerme, si el dinero no te alcanzó para comprarme algo bonito, ven con las manos vacías, pues aquí en mi fiesta seguro que habrá mucho para compartir.
Te espero y desde ya te extraño muchísimo.
                         
Tu amigo Jesús.

FELIZ NAVIDAD!

¿CÓMO ANDA TU CORAZÓN?

¿Qué sensación experimentamos cuando pasamos junto a una casa en ruinas?, tal vez sea la de tristeza, soledad, abandono. Recuerdo que cuando era niña, había una de aquellas casas a la que como niños, llamábamos la “casa abandonada”. Y efectivamente sus dueños la habían abandonado. Por las noches, recuerdo que resultaba sumamente escalofriante pasar por aquella casa, parecía como si tuviera vida, pero a la vez como si agonizara. ¡Qué diferente hubiera sido si sus dueños, no se hubieran marchado de allí!, si tal vez hubieran hecho algo para mejorarla, si le hubieran reparado y aplicado un poco de pintura, si hubieran sembrado algo de hierba frente a ella, y sobre todo si la familia se hubiera decidido a vivir, soñar y reír dentro de aquella casa. Nunca tal vez, hubiese recreado el cuento de miedo de algunos niños.
Muchas personas tienen sus vidas arruinadas. Así como aquellas casas, muchos han abandonado la fe, han dejado de sembrar semillas de paz, muchos han dejado que se despinte de sus vidas el amor y que se caiga a pedacitos la esperanza por un futuro mejor. Sus vidas arruinadas, producto de sufrimientos, han hecho que muchas personas sufran el abandono de sus seres queridos. Años de rencor han logrado desaparecer a los amigos más íntimos.
Amigo lector, Dios de ninguna manera desea que el hombre sufra, todo lo contrario Él ha destinado el corazón del hombre como su morada, es allí donde Dios y su Santo Espíritu anhelan habitar.
Una vida sin Dios, es como una casa abandonada y en ruinas, pero una vida con Dios es como una casa para estrenar todos los días, pues las misericordias de Dios son nuevas todos los días. La Biblia dice en 2ª Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Atrévete a estrenar una nueva casa, es decir, un nuevo corazón del que brote paz y amor y no tristeza y soledad.

CAMINANDO CON DIOS

Recuerdo que cuando era pequeña y caminaba junto a mi padre, me esforzaba mucho en poder seguir su ritmo. Pero mientras él daba un paso yo tenía que dar tres; me resultaba muy dificil seguirlo, pero ello se convirtió en un reto a mi temprana edad. Él se daba cuenta de todo y creo haberlo visto desacelerando su paso, muy sutilmente, como para infundirme confianza y yo aceptaba agradecida ese gesto de amor.
Conforme fui creciendo el seguir su ritmo dejó de ser una tarea difícil y se convirtió en nuestra manera de conocernos. Cada tiempo que pasé con mi padre caminando hacia el colegio o a la academia universitaria, o alguna vez hacia la universidad, o al Instituto Bíblico resultó para mi la mejor oportunidad para conocerlo. Ahora entiendo por qué la gente asegura que nos parecemos mucho en nuestras expresiones o gestos, la respuesta no se haya en el hecho que sea mi padre, sino en que pasé tiempo con él caminando.
Asi también sucede con nuestro Padre celestial, en la medida que caminemos con Él, iremos siendo cada día más semejantes a Él. Fue ese diario caminar lo que permitió a Enoc aparecer en las páginas de la Biblia como un hombre piadoso. “caminó, pues, Enoc con Dios...” Génesis 5:24, bastó con decir que caminó con Dios, para dejar claro que su vida fue una vida santa, pues al caminar con Dios, hizo suyo el propio andar de Dios, hizo suya su sonrisa y su mirada de amor. Caminar con Dios nos hace conocer mucho mejor los misterios más hermosos de Dios, nos hace participar de su divina esencia para contagiarnos de su resplandor.Caminar con Dios, es mucho más que sólo orar de vez en cuando, es mucho más que meditar esporádicamente en Su Palabra. Caminar con Dios es hacer nuestro el mismo camino de Dios, es llegar a desaparecer la dualidad en el firmamento, de tal manera que la gente pueda ver a una sola persona caminando, pues nuestra vida va escondida en Él.
Enoc caminó con Dios. Hoy y todos los días que vengan, Dios espera caminar contigo, querido lector. Él ya esta en el camino y tiene extendida Su mano hacia ti esperando a que te decidas a ser uno con Él por toda la eternidad.

NUNCA AGACHES LA CABEZA

Recuerdo que cuando era una adolescente, no existía deporte que me gustara más que el voleibol. Recuerdo que todas las tardes nos reuníamos frente a mi casa con algunas amigas y sus mamás para jugar un partidito de voley. Colocábamos una net (red) y con pelota en mano nos imaginábamos ser jugadoras profesionales, de lo cual nos encontrábamos a un millón de años luz; sin embargo lo importante era divertirnos ¡y vaya que lo hacíamos! Sin embargo como jugábamos en plena pista, aunque no era muy transitada, era lógico que cada cierto tiempo pasara por allí uno que otro vehículo. Ello resultaba molesto, sin embargo empezamos a sacarle provecho a cada situación que nos interrumpía el juego; tan es así que cuando pasaba alguna persona conduciendo su vehículo, nosotras nos apurábamos a levantar la net, para que el vehículo pasase sin dificultad, pero no perdíamos la oportunidad de gritarle al conductor: “¡agache la cabeza! ¡agache la cabeza!” Era de admirar la obediencia de cada conductor, porque siempre bajaban la cabeza, para luego darse cuenta que no era necesario, pues ellos iban dentro su vehículo, y qué necesidad había de agachar la cabeza, era ilógico; así lo entendía la mayoría que sólo atinaba a reír avergonzados, al percatarse de su error. Este hecho nos hacia reír a carcajadas, y luego que el vehículo se marchaba, al unísono gritábamos “¡otro más que cae!
Hoy que he recordado aquellas anécdotas, puedo darme cuenta que en el caminar cristiano puede suceder lo mismo, vamos por la vida en nuestro propio vehículo, que representa nuestra fe en Cristo. Sin embargo al atravesar algún obstáculo o contratiempo, olvidamos que vamos seguros, y tendemos a “agachar la cabeza” muestra de debilidad ante los problemas que nos envía el enemigo de nuestras almas. Muchas veces nos encontramos prestos a obedecer las órdenes o sugerencias del mundo, y terminamos avergonzados por nuestros propios hechos.
“Agacha la cabeza” nos grita el mundo, “ríndete a nuestro modo de vivir”, nos advierte, y terminamos por obedecer. Sin recordar que vamos seguros y que nuestra fe en Cristo no nos dejará agachar la cabeza ante nadie. Es el mundo el que tendrá que levantar la “net” para que los hijos de Dios caminen en victoria.
Hermano, recordemos que vamos seguros, que no hay necesidad de agachar la cabeza ante nada ni nadie. Nuestros oídos deben cerrarte ante las “sugerencias” que vengan del mundo, no caigamos en el error de escucharlas, porque terminaremos obedeciéndolas y al hacer esto terminaremos avergonzados innecesariamente.
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PONLE COLOR A LA VIDA

Hay momentos en la vida en que todo parece que se va oscureciendo, que nuestro mundo va perdiendo su color. El estrés, los problemas, el trabajo y los conflictos familiares, van contribuyendo a que nos sintamos atrapados en un mundo demasiado gris, demasiado egoísta como para detenerse en nosotros y prestarnos atención.
Buscamos a personas que nos puedan brindar su ayuda, y al buscarlas nos enteramos que salieron a buscar su propia ayuda. Este mundo se ha convertido en una jungla donde aparentemente suele ganar el más fuerte, o el que da el primer golpe; nosotros como cristianos tenemos que lidiar con todo eso, tenemos, por ejemplo, que esquivar los golpes desleales de compañeros de trabajo, que desean nuestro puesto; lidiar con madres de familia que esperan tomar para sí la verdura más fresca o la oferta de la semana; lidiar con las reglas sucias de este mundo, con las zancadillas y demás artimañas de las que se vale mucha gente para alcanzar sus objetivos, mientras que el mundo a nuestro alrededor, se vuelve más gris y sombrío.
Cada mala actitud, cada injusticia, cada golpe a la inocencia, se convierte en un balde de agua sucia con que es bañada todos los días cada persona de nuestra ciudad.
Sin embargo, frente a todo ello, la Biblia nos dice que “somos más que vencedores” (Romanos 8:37); es decir que no sólo hemos vencido todas aquellas cosas, sino que somos mucho más que vencedores. Por tanto podemos y debemos pintar nuestra vida de colores que permitan ver a las personas que no todo es malo en esta vida, que hay esperanza para ellos, que no todo tiene que ser tinieblas y caos.
Hay personas en el mundo que esperan que le pongamos color y sabor a sus tristes vidas. No los hagamos esperar.

AMIGOS DE DIOS

Tener amigos es una gran bendición de parte de Dios, pues un amigo es alguien muy querido, alguien que nos conoce muy bien y a pesar de todos nuestros defectos nos acepta, sin que por ello deje de motivarnos a ser cada día mejores. Un amigo está presto a ayudarnos, a dejar que su hombro sea bañado con nuestras lágrimas, esta dispuesto a llevar con nosotros nuestras cargas, a tomarnos en sus brazos cuando nuestras piernas no puedan sostenernos más; un verdadero amigo se alegrará con nuestros logros y llorará juntamente nuestras penas.
El ser humano siempre necesitará de un amigo, y hasta Dios tiene en esta tierra gente que se ha convertido en sus amigos. La Biblia dice en Juan 15:15: “Ya no os llamaré siervos… sino amigos”. Los amigos de Dios son personas que han estrechado lazos con el Señor, que caminan con Él, que conversan con Él, que trabajan con Él; son personas a quienes les deleita pasar el tiempo en Su compañía, quienes se dejan aconsejar. Dios necesita de estos amigos, confía en ellos, pues sabe que lo aman de verdad, que su amor no es fingido, ni interesado.
Hoy es un buen día para ser amigo de Dios, ¿sabes? hoy con la existencia de tantas redes sociales, las personas pueden llegar a tener incontables amigos, tantos que en un momento dado puede que se les informe que ya no pueden tener más amigos, pues son muchos los que ya tienen. Sin embargo existe una red social más grande aún, que no tiene límite de amigos, dónde todos están cordialmente invitados; dónde no se reserva el derecho de admisión, donde no existen razas, ni condición social, ni lengua, ni idioma que los distinga; ésta es la gran red social de Dios, la más grande que pueda existir, y dónde aún hay un lugar especial para ti, dónde nada te es reservado, pues todo es transparente y accesible. Entra en ella y conoce el más grande amor que alguien pueda sentir por ti; entérate del sacrificio más grande hecho sólo por amor, y del hermoso poema escrito por Dios, sólo para ti.
Sé un amigo de Dios y ponle color a tu vida, aprende a reír sin fingimientos, aprende a caminar por la vida con la buena compañía de Dios, aprende a dar sin esperar nada a cambio, aprende a amar y a ser amado, aprende a ser libre del libertinaje, aprende a llorar de alegría, aprende a confiar en Aquel que nunca traicionará tu confianza, ni te abandonará cuando más lo necesites, pues Dios jamás se olvida de sus buenos amigos.

DIOS SIEMPRE TE ESCUCHA

Muchas veces la gente te habla y te cuenta sus problemas porque sabe que en ti pude encontrar un consejo o simplemente alguien que callará para escucharlos. Muchas veces una vez que les haz oído, sus fuerzas y esperanzas son reanimadas, y al despedirse te dejan estampado ese beso, ese abrazo o ese apretón de manos que transmiten su gratitud. Ello seguramente muchas veces te ha reconfortado y te ha llenado de la satisfacción de hacer algo bueno por ellos y de ser el canal que Dios usa conforme a sus propósitos. Sin embargo ¿qué sucede cuando eres tú el que necesita ser escuchado? ¿Qué sucede cuando eres tú el que arde en deseos de ser oído, de ser abrazado, de ser consolado? Tal vez , en esos momentos, miras a tu alrededor y no encuentras a nadie, o tal vez las personas a las que un día prestaste ayuda, hoy, cuando las necesitas no tienen tiempo para ti, o tal vez simplemente no les cabe en la mente que tú también necesites de ellos.
Si bien el trabajo que realizas en la obra de Dios, no debe esperar recompensa por parte de los hombres, ni elogios, ni mucho menos retribuciones ni contraprestaciones personales; sin embargo la realidad es que muchos líderes han experimentado el desamparo emocional en sus vidas, lo cual ha generado un excesivo desgaste en sus ministerios. Ello ha conllevado a que éstos oculten, muchas veces, aquella necesidad de ser ministrados, escuchados o consolados, por temor a ser considerados vulnerables y débiles frente a sus discípulos y condiscípulos.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tener algún cargo dentro de la estructura eclesiástica, no significa que se conviertan en caballeros con casco y armadura, inmunes al cansancio, al desánimo, a las pruebas, tristezas, etc, sino que son seres humanos camino a la perfección, que algunas veces caerán en mitad del camino, que algunas veces sentirán cansancio, que algunas veces llorarán y necesitarán que alguien los ayude a seguir avanzando hacia la meta; sin embargo, ten presente que si no existe nadie que en el momento preciso te brinde su hombro, recuerda que Dios siempre está juntito a ti, acude a Él,  pues muchas veces ha tenido que esperar su turno para hablar con nosotros, pues estamos más ocupados buscando consuelo en otras personas, sin saber que nuestro Dios puede darnos todo el consuelo, atención y compañía que necesitamos, en el momento que nos decidamos a pedírselo con todo nuestro corazón.

ESPERA QUE LA LUZ CAMBIE

Hoy me detuve frente al semáforo de tránsito, esperando a que la luz cambiara y me indicara que podía pasar a la otra acera con total seguridad. Mientras esperaba, pude ver cómo muchas personas se arriesgaban a cruzar, aun cuando no tenían el pase para hacerlo; vi a algunos esquivando los autos que velozmente transitaban. Vi a gente corriendo, intentando “ganarle” la carrera a los autos; vi a madres con hijos en brazos cruzar lo más rápido posible de una acera a otra, vi a jóvenes audaces caminar despreocupadamente entre los vehículos, deteniéndose en medio de la pista hasta lograr encontrar un espacio por donde meter el cuerpo para poder pasar al otro lado.
Todo esto me hizo pensar en que muchas veces en la vida, somos como aquéllos imprudentes peatones, que no están dispuestos a esperar a que la luz del semáforo cambie. Muchas veces nuestra falta de paciencia, nos lleva a cometer actos imprudentes, pues nos cuesta esperar el tiempo de Dios. Ansiamos las cosas ¡YA! ¡AHORA!, y cuando el asunto tarda un poquito, cuando Dios nos dice: espera, entonces sentimos que esa espera realmente “desespera”.
Dios le dijo a Abraham que haría de él una gran descendencia tan incontable como las estrellas del cielo, pero los años pasaban y pasaban y su impaciencia lo hizo pensar que tendría que “ayudar” a Dios a cumplir sus propósitos, así que dado que su esposa Sara, no podía darle, hasta ese entonces un hijo, aceptó la sugerencia de su esposa y concibió un hijo con la esclava de esta, un hijo al cual llamó Ismael. Sin embargo él no era el hijo prometido por Dios, y su falta de paciencia, trajo como consecuencia que al nacerle Isaac, hijo de Sara, Abraham tuvo que despedir de su lado a su otro hijo Ismael y a la madre de este. Y fue así que Abraham nunca vio crecer a Ismael; ello seguramente generó en él mucho dolor, pues era también su hijo.
Amigo lector, el intentar apresurar los planes de Dios, sólo traerá sinsabores; Dios sabe cuándo es el tiempo previsto para aquello que anhelamos en nuestros corazones; las decisiones equivocadas de hoy serán las lágrimas del mañana, y no sólo las nuestras, sino las de nuestras generaciones. Aprendamos a esperar a que la luz del semáforo cambie, para poder cruzar confiadamente, sabiendo que andamos según la voluntad de Dios. No nos arriesguemos, ni arriesguemos la vida de nadie intentando hacer nuestra propia voluntad, intentando correr más rápido que Dios…

MIRANDO CON FE

Cuando nos vemos al espejo, tal vez lo que aparezca en él a muchas no nos agrade lo suficiente; quizás hayamos añorado algunas otras cosas (o menos cosas) que otros tienen y que consideramos que son hermosas. Sin embargo, he aprendido a verme en el espejo con ojos de fe, y no porque lo que vea no me guste, sino porque lo que ven mis ojos es muy limitado.
La Biblia dice que tenemos la mente de Cristo (1ª Corintios 2:16), y yo me pregunto, si tenemos la mente de Cristo, por qué no tener también los ojos de Cristo. Si esto es así, entonces todo lo que vea en mi, a partir de entonces, será como Dios lo ve. Él le dijo a Gedeón: "varón esforzado y valiente" cuando Gedeón en ese momento no era ni lo uno ni lo otro. Sin embargo Dios, que llama a las cosas que no son como si fueran, veía en él al hombre que llegaría a ser por FE.
Hoy te animo a que mires por fe, y veas que dentro y fuera de ti, hay una mujer valiente, esforzada, guerrera, que proclama por fe bendición sobre su familia, que puede creer a pesar de las circunstancias, que ha resuelto ser indiferente a lo que el mundo pueda pensar, y que camina por la vida sabiendo quién es y conociendo  el valor que tiene para el Reino de los Cielos.

HAY UN LUGAR PARA TI



¿Alguna vez te has sentido abandonado(a)? ¿Alguna vez has sentido que por más que le hablas a alguien, parece como si no entendiera absolutamente nada de lo que le dices? ¿Alguna vez te han dejado esperando horas y horas por una respuesta, y aquella nunca llegó? ¿Alguna vez has sentido que te quedas sin piso y caes a un profundo abismo, y que en tu caída vas arañando las paredes, sin que nadie oiga tus gritos de auxilio? ¿Alguna vez has sentido que sientes la necesidad de salir corriendo de donde estas hacia un lugar donde nadie te conozca, donde nadie te juzgue, donde nadie opine sobre tu vida y sobre lo que les parece que deberías hacer? ¿Alguna vez has sentido deseos de volverte invisible y saber lo que la gente piensa realmente de ti, y descubrir así quiénes son tus verdaderos amigos? ¿Alguna vez has querido llorar, pero has tenido que aguantarte las ganas y mientras lo hacías has sentido como se formaba un nudo en tu garganta que no te dejaba respirar? ¿Alguna vez has sentido que no estas en el lugar correcto, que no encajas en tu familia, en tu trabajo, en tu universidad, en tu círculo social? Quizás alguna vez has sentido algo o mucho de esto; sin embargo déjame decirte que no has sido creado para sentirte fuera de este mundo, incomprendido(a), abandonado(a); sino que has sido creado para disfrutar una vida en abundancia, para sentarte en un lugar especial, para ser saciado de bien. Ese lugar en la vida únicamente te lo puedes dar Dios; ven a Él y no sigas siendo la pieza triangular en un mundo de cuadrados..Tu lugar te está esperando.

MI NUEVA FAMILIA

¿Qué harías si fueras un niño y te encontraras de noche, en la calle, huérfano, empapado por la lluvia, triste, con mucha hambre y no tuvieres a nadie en esta vida? ¿Qué harías si alguien te viera desde su cómodo auto, y sintiera compasión de ti, y se bajara del auto sin importarle empaparse con la lluvia, y decidiera llevarte a su casa; una casa realmente hermosa y enorme, para ser parte de su familia; y una vez allí, te cambiará de ropa, echando a la basura tus harapos sucios, viejos y mojados, y en lugar de ellos te regalara ropa nueva, limpia y hermosa; te sirviera una exquisita comida, y te diera algo calientito para tomar; luego te preparara tu propia habitación, y se quedara velando tu sueño hasta que te durmieras?.
¿Qué pensarías de este niño? ¿Creerías que ha sido un niño muy afortunado?
Ahora imagina qué hubiera pasado si el niño hubiese preferido seguir solo en la calle, y no hubiese aceptado la ayuda? Seguramente hubiese muerto, sin que a nadie le importe.
El ser humano es como aquel niño, va por la vida indefenso, caminando en la oscuridad de la noche, sin un hogar, sin un Padre que lo ame, empapado por su sufrimiento, triste y deprimido, con hambre de afecto y consuelo, sin nadie que se preocupe por él. Sin embargo, muchos de nosotros al igual que aquel niño, aceptamos el auxilio que el Señor Jesús nos ofrecía.
Él nos vio desde su Santo trono, sintió compasión por nosotros, y sin importarle dejarlo todo, se empapó de nuestra humanidad, haciéndose hombre y muriendo por nosotros en la cruz del calvario; gracias a Él nosotros fuimos recibidos en su familia, fuimos mudados de ropa, atrás quedaron los harapos del viejo hombre, y hoy vestimos vestiduras blancas y sin arrugas; Él sació nuestra hambre de amor, nos abrigó con el fuego de su Espíritu Santo, nos dio un lugar, una posición en donde ubicarnos en esta vida y en la venidera.
¡Nosotros somos los afortunados!; ya no somos huérfanos, sino que ahora tenemos un Padre que nos ama con el más perfecto amor. Somos parte de la familia de Cristo, mayor privilegio que este, mayor bendición nunca en esta vida tendremos.
Amigo lector, si sientes que eres como aquel niño huérfano de la historia, no le niegues al Señor, la posibilidad de ayudarte; Sus ojos está sobre ti, Su mano está extendida y las puertas de Su casa y de Su corazón están abiertas hoy para ti.

MIRA LO QUE TIENES EN TUS MANOS

“¡Señor, nada tengo aquí en mi casa ni en mi vida, que pueda darte hoy!”, esta es, casi siempre, la oración del creyente sin fe, “nada tengo”, y “nada soy”, son sólo modos de excusarnos frente al requerimiento de nuestro Dios. Muchas veces solemos decirle: “Sólo soy una pobre mujer” “Sólo soy un pobre hombre” “No tengo ningún don ni talento” “soy muy inferior a otros” "mejor usa a otra persona". La Biblia nos habla de una viuda pobre que dijo algo muy parecido, cuando fue confrontada en su fe: “Sólo tengo un puñado de harina y una pequeña vasija de aceite, ¿De qué te servirán Señor?, déjame tomarlos y hacer con ellos mi última cena, y luego déjame, entonces, morir en paz”. (2a Reyes 4:2).
¡Cuántos cristianos miran sus manos, revisan sus bolsillos y no hallan nada que valga la pena ofrecer al Señor! Pero, nuestro Dios, vuelve a mirarlos, y con dulce ternura, les dice: “Veo en tus manos tu juventud, o tus muchos años", "veo tus capacidades aún no desarrolladas", "veo tu valentía aunque hoy te sientas temeroso". Hoy, querido amigo,  Dios te dice: “veo en tus manos restos de harina, y algo de aceite, y ambos son suficiente para mí”.
Y es que nuestro Dios, puede crear cualquier cosa de la nada, y llamar a las cosas que no son, como si fuesen; puede llamar a la muerte: “vida” y a la escasez: “abundancia”; sólo hace falta un corazón de fe, para producir el milagro. ¿Habrá en tu corazón, amigo lector, esa fe que busca Dios? o ¿Serás tú el que diga: “no tengo nada”, aún teniéndolo todo?; ¿Será nada ese poco de harina y ese poco de aceite, que Dios ve, ahora, en tus manos?; no sabes, acaso, que una simple chispa puede incendiar un bosque, que una simple semilla puede producir un inmenso árbol, que un poco de harina y un poco de aceite pueden convertirse en tu generosa provisión durante todo el tiempo que dure la sequía, mientras que allá afuera el hambre consuma a otros; y el sol queme hasta las raíces de las plantas, y no se vislumbre una gota de lluvia.
Un poco de harina y un poco de aceite, pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte, y esta última, no entrará en tu casa, mientras mantengas tu fe en Dios; mientas no vuelvas a lamentarte diciendo: “nada tengo”. Porque déjame decirte, que eres un alma afortunada, que lo tenía todo, pero que no se daba cuenta; que era rica, pero se creía pobre; que pasaba hambre, teniendo en casa la preciosa promesa de parte de Dios, y una mesa servida dispuesta a brindarle vida en vez de muerte, saciedad en lugar de escasez.

VIVIENDO SIN TEMOR

Caminar por las calles se ha convertido en una verdadera odisea, el miedo y la inseguridad se vienen apoderando de la mayoría de las personas, lo cual hace que muchos se muestren temerosos, mirando de derecha a izquierda, de arriba a abajo, con la única finalidad de cerciorarse que no los sigan o que no los esperen en la esquina los “amigos de lo ajeno”. Siendo esto así, no es raro ver a madres asustadizas, aferradas a sus hijos y a sus bolsos, transitando, presurosas por las calles; a jóvenes contestando brevísimamente el celular, para luego guardarlo tímidamente en el bolsillo del pantalón; a niños temerosos, a quienes se les ha enseñado a no hablar con desconocidos, no contestar el saludo, no recibir golosinas, no caminar solos y memorizar los teléfonos de todos los hospitales, compañía de bomberos y comisarías; y a padres de familia que buscan asesorarse en métodos de defensa personal, que ensayan posturas defensivas, “patadas voladoras” y frases de amedrentamiento por si fuera necesario proteger sus vidas o las de sus familias.
Todo ello, denota el alto grado de inseguridad en el que viven las personas. La ciudad les asusta, los periódicos y noticieros incrementan aún más su desconfianza, al punto de llegar a destrozarle los nervios. No tienen paz en su corazón. Sus casas se han convertido en verdaderos fortines; cerrojos, candados, cadenas, protectores de fierro, ventanas reforzadas, púas, alarmas, servicio de vigilancia, perros guardianes y, hasta, monitoreos vía satélite; son sólo una muestra de aquello de lo que el hombre se vale para intentar sentirse seguro y protegido.
Empero, nada de ello servirá, ya que el miedo y el temor esta en su corazón. El salmista dijo: “Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas” (Sal. 61:4). Y vaya que tenía razón; pues no existe, en el mundo ningún lugar, ni casa, ni fortín, ni refugio anti-bomba, en dónde podamos sentirnos seguros y protegidos, sino bajo la sombra de nuestro amado Dios. He allí, la gran diferencia con los que basan su seguridad en sus propias fuerzas. He allí, el motivo de nuestra paz. Jesús dijo “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Desechemos pues, todo miedo y desconfianza, y vivamos con libertad, experimentando, cada día de nuestra vida, aquella paz que Dios nos ha dado y que sobrepasa todo entendimiento, toda comprensión, toda ciencia y toda lógica humana.

CIEGOS DEL ALMA


Se dice que ciego, es una persona que no puede ver, que esta impedida de apreciar los colores y las formas de las cosas, que no puede distinguir entre una cosa y otra. Sin embargo, también existen ciegos que aún viendo la luz del día, viven en tinieblas; esos son los llamados “ciegos del alma”, aquellos, cuya venda no esta puesta sobre sus ojos, sino sobre su corazón, son personas que teniendo la miseria frente a ellos, no son movidos a compasión, son personas que viven en un mundo de sombras y tinieblas, en un mundo que trastocan los preceptos bíblicos, que “a lo bueno llaman malo y a lo malo bueno” son personas cuyas manos torpes, en medio de las tinieblas, no pueden brindar amor, sino únicamente, infringir dolor; son personas que transitan por la vida, tropezando y cayendo de bruces frente a su propia miseria; sin poder distinguir el sendero por el cual se arrastran
Es en medio de este mundo en que decir a Dios “abre mis ojos” se constituye en un ruego que se debe levantar desde las profundidades de nuestro ser, hacia el Dios Todopoderoso, hacia el único que puede abrir las pupilas de aquellos, y las de nuestros propios ojos, para enseñarnos que la luz verdadera no proviene del sol, sino de Él. Sólo entonces, tú y yo, “miraremos”; miraremos el dolor humano y lloraremos con los desprotegidos; sólo entonces miraremos cuando alguien extienda hacia nosotros su mano y podremos, entonces, saciar su carencia de amor; sólo entonces miraremos que había gente a nuestro alrededor dispuesta a amarnos, y, nunca más nos sentiremos solos, sólo entonces, seremos verdaderamente luz en el mundo, aquellos que reflejen la Luz Verdadera, aquella que puede alumbrar hasta el último rincón del corazón del hombre. Sólo, hasta entonces, miraremos Su rostro, resplandeciente, cálido, miraremos sus ojos que nos miran con el más dulce amor que alguien pueda darnos; miraremos su sonrisa invitándonos a ser felices; miraremos sus manos, que nunca soltaron las nuestras, y sólo así podremos caminar seguros y confiados por el sendero que nuestro amado Dios trazó para cada uno de nosotros.

AVES DE PAPEL

Las aves de papel no vuelan, sólo se quedan en su mismo lugar, estáticas. No tienen vida, aunque ellas no lo saben. Tienen alas, pero no saben volar; tienen ojos, pero su mirada se oscureció el día en que las encerraron en una jaula de papel. Tienen boca, pero nunca les enseñaron a decir “te quiero”, tienen alas, pero no las saben usar, tienen plumas, pero durante toda su vida siempre han vivido con  frío.
Las personas las miran de lejos, pero no se animan a tocarlas pues su aspecto es tan frágil, que acercarse un poco resultaría un peligro que nadie quiere correr.
Sus pliegues son tan marcados que evidencian la dureza con las que fueron creadas. Vez tras vez fueron plegadas, desplegadas y nuevamente vueltas a plegar, pero las toscas manos de sus fabricantes nunca lograron darle la forma deseada, por el contrario cada doblez y aún cada desdoble, marcaban sus cuerpos y la finura del papel con el que están hechas.
Las aves de papel ansían volar, pero no saben cómo hacerlo; sin embargo a veces sólo quisieran desdoblarse y volver a ser sólo simples papeles. Ahora yacen arrumadas cerca de lo que otros llaman "cosas inservibles"; han sido tantas veces rehechas, que ello terminó por afear su imagen. Se quebraron sus alas, aquellas que nunca usaron, y ahora que aparentemente ya no sirven, las han arrojado al olvido.
Hoy en día existen muchas personas que son como aquellas aves de papel, que aparentemente tienen todo para vivir como seres comunes y corrientes, sin embargo dentro de ellas esconden marcas que le han rasguñado el alma y el corazón.
Un día fueron niños, con una infancia  por disfrutar, pero la mano tosca de alguien terminó por afear su mundo interno y quebrar en pedacitos el espejo donde se reflejaba su tierna inocencia.
Hoy quiero abrir mi corazón a una de tantas aves de papel que hay en el mundo. No puedo esperar a que llegue hacia mí, por si misma, aunque le tenga extendidos mis brazos con amor. He de ir hacia ella, pues sus hermosas alas de papel, jamás entendieron que se debe mirar primero al cielo para luego empezar volar.

UNA FLOR EN EL DESIERTO

Una hermosa flor fue plantada en medio del desierto. Pequeña y frágil parecía tener todo en contra suya. El viento del desierto amenazaba con arrancar uno a uno sus delicados pétalos, mientras que el sol de cada mañana arremetía con sus potentes rayos, tratando de secar su frágil raíz. El frío por la noche pretendía también, carcomer la delicadez de sus formas.
Una y otra vez la pequeña flor se aferraba a la tierra que la vio nacer, resistiéndose a dejar de vivir en donde había sido destinada. Sin embargo, habían momentos en que pensaba: ¿Por qué tengo que estar aquí?, ¿por qué no fui plantada en otro sitio más cómodo que este? Miraba a su alrededor, y sólo veía montanas de arena de nunca acabar, arbolillos secos y quebrados por el sol y animales huyendo del hambre y de la sed.
Los días pasaron y también los meses, y el panorama no cambiaba, aún se sentía sola y sedienta, aún se imaginaba junto a otras flores bordeando algún arroyuelo, bajo la sombra de algún frondoso árbol.
Las fuerzas se le iban poco a poco, y su apariencia ya no era la de antes, ahora parecía cansada, algo marchita, y sabía que por dentro se secaban sus raíces y sus sueños.
“¿De qué valió haber sido tan hermosa? ¿De qué sirvió haber llegado a este lugar, dónde mi belleza no sirve de nada, ¿De qué valió haber soportado tanto tiempo?, debí haberme dejado morir sin haber malgastado mis fuerzas en vano”, se repetía una y otra vez.
Pero un día, cuando pensó que era el último de sus días, el día en que su fe moriría irremediablemente, el día en que dejaría ya de luchar para dejarse llevar por la desolación, alcanzó a levantar su mirada al cielo, como despidiéndose de él, y vio cómo una pequeña nubecilla, tan pequeñita como ella, se estampaba en el cielo muy cerca del sol. Al poco tiempo vio que aquella nubecilla tomaba una mayor forma e iba creciendo amenazante contra el ardiente sol, cuyo reinado parecía invulnerable.

Poco a poco aquella nube fue creciendo, mientras que un manto sombrío iba cubriendo la faz del desierto, y se iba acercando hacia ella. El calor sofocante fue cediendo, hasta que en el momento menos pensado, sintió en sus pétalos la humedad de muchas gotas de lluvia que caían caprichosamente sobre ella. Un aire de paz y alegría sacudió su ser, mientras que toda ella se iba nutriendo del líquido elemento. Sus fuerzas regresaron y la tierra que enceguecía sus ojos fue arrastrada por el agua.
Una vez que dejó de llover volvió a mirar el mundo con optimismo; y poco tiempo después vio junto a ella las nacientes florecillas, más pequeñas que ella, que le sonreían a la vida, que jugueteaban despreocupadamente y que llegaron con la lluvia para hacerle compañía. Entonces, supo que no estaba sola, supo que Dios siempre estuvo con ella y que todo lo vivido serviría para ayudar a aquellas florecillas, a atravesar las mismas situaciones por las que ella ya había pasado.
Amigo lector, a veces parece que los problemas nos rebasan, que es mejor dejarse llevar, que estamos solos y solos moriremos, que a nadie le importamos, que nuestras cargas son demasiado difíciles de llevar; sin embargo la Biblia dice que Dios nunca nos enviará una prueba mayor que la que podamos soportar (1ª Corintios 10:13).
Recuerda que todo lo que hayas vivido, tarde o temprano servirá para ayudar a otros, ese debe ser nuestro propósito en la vida. Sé una flor en medio del desierto porque sólo allí la experiencia de ver caer la lluvia cobrará un mayor sentido en tu vida.

SE BUSCA

Se le busca, pero a muchos les es difícil encontrarlo, pues pretenden hacerlo con los ojos vendados. Lo han buscado en cantinas donde no sólo abunda el licor, sino las historias de vidas hundidas en el olvido. Lo han buscado en un sin número de fiestas, donde la música ensordece los sentidos, pero no acalla la tristeza. Lo han buscado hasta altas horas de la madrugada, arrastrándose por las calles con los zapatos en la mano y el corazón apretadito a la desesperanza. Lo han buscado en sitios donde destruyen el alma con sólo inhalar su maligno olor. Lo han buscado en medio de tristes canciones, donde la melancolía les cortó las venas e hizo morir sus sueños de a pocos. Lo han buscado en hoteles de paso, en medio de la oscuridad de la noche, donde se mezcló el arrebato y la enorme necesidad de amor. Lo han buscado en miles de películas, donde la ficción jamás superará su hermosa realidad. Lo han buscado entre fardos de dinero, donde todo se compra y todo se vende, menos Él. Lo han buscado en lo alto de la montaña, donde la voz se escucha dos veces, pero el silencio jamás murió...
Lo han buscado, sin encontrarlo aún, porque lo buscaron en lugares equivocados. No estaba en la cantina porque Él es el mejor vino embriagador. No estaba en las fiestas, porque se encontraba preparando una gran boda y una luna de miel, que durará mil años. No estaba en las calles, porque Él tiene un lugar donde habitar. No estaba en medio de las canciones tristes, porque nunca hay tristeza junto a Él. No estaba en hoteles de paso, porque el amor que Él sabe entregar es para siempre. No estaba en las películas, porque nadie podría filmarlo en toda su inmensidad. No estaba en el dinero, porque Él es dueño de todo. No estaba en la montaña, porque tenía la montaña aprisionada entre sus manos.
Dios no estaba en aquellos lugares, no estaba tan lejos, siempre estuvo a nuestro lado, esperando a que volteáramos nuestro rostro y nos encontráramos con el suyo, pero nosotros insistimos una y otra vez en mirar  para el otro lado.
Hoy mismo Dios está junto a ti. No mires más allá, no salgas de tu lecho tibio para buscarlo, Él está a tu lado velando tu sueño.
Duerme tranquilo(a) que Dios no se ha ido. Si Él dijo que estaría con nosotros hasta el fin, con seguridad cumplirá su promesa.

NATALICIO DE ESTE BLOG

Daisypath Anniversary tickers
Este blog ha sido creado para compartir experiencias de vida que puedan mostrarnos, de manera más clara, las cosas buenas que llevamos dentro y que algunos hasta hoy desconocen.
Te invito a conocer juntos todo el potencial que Dios ha puesto en tus manos, te sorprenderá llegar a saber que eres una persona con propósito, que no naciste por casualidad, sino que Dios diseñó para ti una vida abundante, para que la disfrutes tomado(a) de su mano.